shar pei Archivos - Mi Shar Pei

shar pei

by -
1 660

Hace ya mucho que no entro por aquí y os aseguro que no es por falta de ganas sino más bien por falta de tiempo.  La voracidad del día a día me absorbe y me resulta casi imposible encontrar un hueco para sentarme tranquilamente frente al ordenador y hablaros de Barney y de sus peripecias.

Hoy, por fin he encontrado el momento y la verdad es que no sé ni por dónde empezar.  He releído algunos posts antiguos y me parece que haya pasado una eternidad desde entonces.  Barney ya no es para nada el cachorro del que os hablaba hace un par de años y que me daba mil quebraderos de cabeza con sus papilomas y sus anginas.  Mi Shar Pei es ahora un perro fuerte y sano aunque eso sí, sigue padeciendo con sus ojitos y al final me he decidido a operarlo de entropión cuando pase el verano.  Os mantendré informados XD.

Pero en fin a lo que iba…  Me sorprende mucho al releer el blog lo mucho que Barney ha cambiado en apenas un año.   Mantiene muchos rasgos de su personalidad intactos desde que era un cachorro pero ha cambiado otros según ha ido pasando el tiempo.  Supongo que, como las personas, los SharPeis también maduran.

Mi pequeño sigue siendo un perro tranquilo y cariñoso.  Le encanta que lo acaricie y frotar su cabeza contra mis piernas mientras ronronea como un gato en muestra de afecto.  Poco a poco nos hemos ido conociendo y comprendiendo de una forma muy natural.  Es muy listo.  Entiende un montón de cosas, conoce y respeta las normas y nos hace caso en todo aunque sea a regañadientes.   Es muy gracioso verle tumbarse de golpe frente a la ventana mientras deja clara su resignación con un fuerte resoplido cuando él quiere jugar y le decimos que nos deje tranquilitos ver la tele por las noches.

Donde más ha cambiado su forma de comportarse es en la calle.  Antes le encantaba pasarse horas en el parque jugando con otros perros.  Le daba igual que le gruñeran o le mordieran, él insistía e insistía hasta que los demás perros se hacían amigos suyos aunque fuera por pesado.  A mi esto me resultaba muy curioso ya que estaba harta de leer que esta raza se caracterizaba por su independecia y creía que realmente, mi Shar Pei era singular en este aspecto pero no,  simplemente era muy pequeño todavía.

Ahora va a su bola.  Saluda y tal pero no intima con nadie. Prefiere pasarse las horas escarbando el suelo en busca de piedras aunque confieso que en alguna ocasión ha conseguido tesoros más valiosos: Bocas de riego para ser más exactos…  Espero que el concejal de urbanismo no llegue nunca a este post.

Aún así, Barney conserva sus amigos íntimos: Eco, un Shar Pei con el que curiosamente sigue jugando como cuando era un cachorro y Dina, su sobrinita postiza a la que defiende a base de ladridos cuando otro perro le molesta.  Me resulta muy curioso verlo en ese papel protector porque hasta hace muy poco, nunca le había escuchado ladrar de “mal rollo” a nadie.

¿Y vosotros?  ¿También habéis notado cambios en el carácter de vuestros Peis con el paso del tiempo?

by -
10 2579

Hacía ya algunos meses que Barney salía muy revolucionado a la calle. Siempre se había portado muy bien durante los paseos pero últimamente estaba indomable. No le importaba ahogarse con el collar, ni que le interrumpiera la caminata cada dos por tres, ni que le corrigiera a base de golpecitos, ni nada de nada. En cuanto salíamos de casa, su única obsesión era echar a correr con todas sus fuerzas y no hace falta decir que, con 15 meses y casi 30 kilos, sus fuerzas hoy por hoy son muy superiores a las mías.

Mi marido me insistía en que teníamos que hacernos con un collar de estrangulamiento. A mí, el mero hecho de escuchar esa palabra me ponía los pelos de punta por lo que antes de optar por esa opción probé un montón de soluciones. La única que me funcionó fue salir a la calle con un trocito de queso en la mano con la que sujeto la correa. Barney iba tan pendiente del olor de la golosina que no estiraba en absoluto. No obstante, si un día se me olvidaba coger el dichoso trozo de queso, el paseo se convertía en un suplicio.

Collar Halti: ¿Necesario?

Cierta mañana de jueves, salí de casa con Barney y sin queso con la sana intención de disfrutar de un plácido paseo. Nada más pisar la calle, Barney echó a correr con tal energía que me tiró al suelo. Mientras intentaba reponerme de la caída, observaba como mi adorable amigo corría como un energúmeno con la correa arrastras. Por suerte, aunque mi Shar Pei haya perdido sus buenas costumbres durante los paseos sigue siendo un perro bastante obediente y me bastó decirle “Quieto” para que cesara en su carrera y me esperara pacientemente. De haber sabido que iríamos a la tienda de animales a por un Halti, dudo que hubiera hecho el mismo caso.

Collar Halti: ¿Qué es?

Para quienes no lo conozcáis, el Halti es un collar de cabeza similar a las bridas de los caballos creado con el fin de evitar que el perro tire. Recordaba que en una ocasión le pedí a mi veterinaria consejo sobre cómo evitar los estirones de Barney y me habló muy bien de él. Cuando entramos a la tienda y pedí el collar la dependienta exclamó horrorizada “¡Ay! ¿Vas a ponerle el espantoso Halti?” Me quedé desconcertada. “¿Espantoso por qué?”, pregunté. La chica, sin dejar de mirar a Barney como un cordero degollado, me dijo “El hocico es muy sensible y si tira le va a doler, además si le das un tirón brusco puede hacerse daño en el cuello”. En cualquier otro momento aquellas palabras me hubieran dado que pensar pero con el culo todavía dolorido no lo dudé y dije “¡Pues que no tire!” y me fui con mi Halti a casa.

A Barney esta nueva adquisición no le gustó en absoluto. Se levantaba sobre sus patas traseras mientras se frotaba el hocico con las delanteras intentando quitárselo. Durante los primeros días pensé que no lograría habituarle a usarlo. En cuanto me veía con el Halti en la mano se escondía espantado. No obstante, con paciencia y premios, hemos conseguido que lo acepte y ahora es él quien acude raudo a que se lo pongamos cuando nos escucha sacarlo del cajón.

¿Es molesto para el perro el collar halti?
Pasear con Barney es de nuevo una delicia y es que desde el Wonderbra nunca antes un trozo de tela había dado unos resultados tan milagrosos. Mi perro ha dejado de tirar como por arte de magia desde el primer día de uso. Según mi experiencia, considero que es muy poco probable que utilizar este producto pueda lesionar el cuello del animal pues en cuanto se lo colocas deja de tirar y apenas son necesarias algunas correcciones muy leves en momentos muy puntuales. En mi caso al menos, me ha resultado mucho más costoso acostumbrarle a no intentar quitárselo que a no estirar aunque a base de “No”, “No” y “No” ha terminado cediendo.

Collar Halti: Opinión final

He de decir que desde que tengo el Halti he descubierto una nueva faceta del carácter de mi Shar Pei: Tiene dotes interpretativas. Cuando paseo con él con su nuevo collar y le para alguien a decirle monerías, monta unos dramas alucinantes para que le gente lo libere. Llora, se frota el hocico y hace un sinfín de esparajismos pero os aseguro que es todo cuento. ¿Por qué si no cuando vamos los dos solos pasea tan feliz y no protesta?

Antes de terminar esta entrada, me gustaría hacer una recomendación a todos aquellos que tengáis el mismo problema que yo y decidáis probar este artilugio. En caso de duda respecto a la talla optad antes por un collar holgado que por uno que quede demasiado ajustado. La única pega que le veo a este invento es que el nylon puede provocar heridas por fricción en una zona tan sensible y carente de pelo como el hocico. Por lo demás, lo recomiendo al 100%.

Para todos aquellos que no sepan dónde adquirir uno de estos collares, es muy fácil, lo tienen en un montón de sitios en Internet. Para que no tengas que buscar aquí tienes un enlace donde puedes pedir directamente un COLLAR HALTI.

Comprar collar Halti online

Dependiendo del tamaño del morro que tenga vuestro arrugado amigo, las tallas serían entre la 4 y la 5. Por ejemplo, Barney debe llevar la 5 porque tiene el morro de hipopótamo. Si por el contrario vuestro Pei tiene el morro un poco más finito, con la 4 irá perfecto.

Compra ahora un collar Halti para tu Shar-Pei

Compra ahora un arnés Halti para tu Shar-Pei

by -
6 551
“¡Ohhh! ¡Que monada!” Exclamaba esta mañana una chica al cruzarse con mi Shar Pei. Enternecida, se ha agachado para acariciarle. Barney todavía zarandeaba alegremente su rabo cuando un estremecedor chillido ha roto la dulzura del momento. “¡Arggg! ¡Que asco por Dios!” Barney, miraba a la joven extrañado ladeando la cabeza. Yo también observaba, sin entender nada, como huía despavorida calle abajo. Cuando la he perdido de vista, he mirado a Barney intentando encontrar en su arrugada carita el por qué de tal extraña actitud. Mi peludo compañero, me observaba con esa abierta sonrisa que siempre nos acompaña durante los paseos. Cuando he visto su enorme boca abierta de par en par, lo he entendido todo.


No os había contado que desde hace varios meses mi familia ya no se compone de dos humanos y un perro sino que ha aumentado con un miembro más. Ahora somos dos humanos, un perro y un papiloma enorme. Reconozco que este nuevo pariente es más bien feo y entiendo que a la chica le haya dado un poco de repelús conocerlo aunque sigo pensando que su reacción ha sido un tanto desmesurada. 

Los papilomas son tumores benignos que aparecen en la piel. Su aspecto es francamente desagradable. Se trata de una especie de granos grisáceos que se agrupan formando algo parecido a una coliflor. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo del perro pero lo más habitual es que se presenten en zonas húmedas y gelatinosas. Barney, por ejemplo, tiene el suyo en el labio inferior. Cuando tiene la boca cerrada no se ve pero cuando la abre….
Todo empezó con un par de granitos diminutos que poco a poco se fueron multiplicando y aumentando de tamaño hasta llegar alcanzar dimensiones inimaginables. Los papilomas no son perjudiciales para la salud aunque, dependiendo de dónde aparezcan, pueden resultar molestos. Con el de Barney tengo un problema. Resulta que cuando juega a lo bruto le suele terminar sangrando y pone perdidos a los otros perros. En una ocasión, una señora casi me pega porque pensaba que mi perro había desangrado al suyo.

Normalmente, los papilomas desaparecen solos pero si no es así pueden extirparse mediante una sencilla intervención quirúrgica. Para evitarle una anestesia, hemos decidido quitárselo el mismo día en el que le operen de entropión. Hace siglos que no me hago un chequeo médico y me estoy planteando hacerle dos operaciones de cirugía estética a mi perro… Sospecho que estoy perdiendo el juicio.

by -
4 228
Hace unas semanas, mi madre me animó a reportar este blog a la web facilisimo.com, ya que celebraban un concurso de blogs de mascotas.  Así lo hice y para mi sorpresa resulté ganadora.   Ayer recibimos con gran alegría el premio en nuestra casa.  Consta de un saco de pienso y unas bolsitas de snacks.  Como os podéis imaginar, estoy muy orgullosa de que Barney ya se gane el pienso con sus propios méritos. 
He pensado en sortear un par de bolsitas de estos snacks entre aquellos que seguís este blog ya que con vuestros comentarios me habéis animado a seguir publicando entradas y he aprendido muchas cosas nuevas sobre esta raza.   Los snacks ayudan a mantener la salud dental y como podéis ver en la foto, a Barney le han encantado.
Si os apetece participar sólo teneis que haceros amigos de Mi Shar Pei en Facebook y publicar en el muro una anécdota que hayais vivido junto a vuestro perro.  No hace falta que sean muy largas, ni que estén perfectamente redactadas.  La idea es que compartais con nosotros algún momento que hayais disfrutado con vuestros peludos y que recordeis especialmente.
 

Dentro de un mes, un selecto jurado (mi marido) decidirá cuál le gusta más y le haremos llegar el regalito.  El premio es más simbólico que otra cosa pero me hace mucha ilusión tener un detalle con vosotros así que espero que os animéis a participar.
 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Esperamos impacientes vuestras anécdotas!!!!!!!!!

by -
18 3781
Parece mentira que crezcan tan rápido

Antes de decidirse a comprar un Shar Pei es frecuente que uno se interese por las particularidades de la raza. Recuerdo que antes de que Barney pasase a formar parte de mi familia yo misma devoré tropecientos libros y otras tantas webs en busca información y experiencias de otros propietarios. Me resulta muy curioso que ahora otros futuros dueños y papás primerizos, acudan a este blog buscando respuestas a sus preguntas. Me hace mucha gracia cuando recibo un correo o me hacen un comentario en el blog o en Facebook pidiéndome consejo pues como digo en la cabecera del blog, nunca antes había tenido un perro y lo poco que puedo aportar es aquello que he ido aprendiendo hasta la fecha junto a Barney.

Aún así, recibo consultas frecuentemente sobre cómo inculcarle a los cachorros unas pautas básicas de buena conducta. Aunque no soy ninguna experta, siempre intento responder, desde mi escasa experiencia, lo mejor que sé. La gente suele ser muy amable y me agradece la ayuda enviándome fotografías de sus cachorros y manteniéndome informada sobre sus progresos por lo que me resulta de lo más gratificante. No obstante, viendo que las dudas casi siempre son las mismas, me he decidido a publicar un post explicando lo que, desde mi humilde opinión, todo cachorrito de Shar Pei debería empezar a aprender nada más llegar a casa si queremos convivir en un futuro con un perro bien educado… 

by -
2 202

Recuerdo que cuándo estaba en plena edad del pavo mi madre solía decirme “Cuando eras pequeñita me daban ganas de comerte y ahora me arrepiento de no haberlo hecho” La verdad es que le di unos cuantos quebraderos de cabeza a la pobre mujer durante aquellos años locos. Ahora que convivo con un Shar Pei en plena explosión hormonal, entiendo mucho mejor el significado de aquellas palabras.

En la vida de cualquiera, la adolescencia es siempre una época tan intensa como complicada. Descubres en tu cuerpo cambios casi a diario. Empiezas a cuestionarte todo lo que habías dado por hecho mientras eras un niño. Pruebas a desafiar la autoridad de tus padres y a saltarte los límites establecidos. En definitiva, te pones tonto pero por suerte, en la mayoría de los casos se te pasa con los años.
Viviendo con Barney me he sorprendido al descubrir que, en esencia, la adolescencia de los perros no dista tanto de la de los humanos. Ellos también experimentan cambios físicos. Los testículos engordan y se oscurecen, la tripa se les cubre con mucho más pelo y aparece el detestable acné juvenil. Como nosotros, también imitan el comportamiento de “los mayores”.  Aprenden a orinar levantando la patita y empiezan a ignorar a los perros pequeños a la hora de jugar. Descubren su sexualidad y por supuesto desafían a sus  dueños como cualquier quinceañero haría con sus padres.

Me quedo perpleja al ver como mi adorable cachorro se convierte en un jovencito insolente.   Hay veces que me cuesta un mundo que acuda a mi llamada cuando está jugando en el parque y no es porque no me oiga. No, no, nada de eso. Es porque no le interesa en absoluto volver a casa y opta por no hacerme el más mínimo caso.  Aunque la mayor parte del tiempo es muy tranquilo y obediente en ocasiones hace cosas, como pedir comida o estirar de la correa, que no repetía desde hacía meses.

Parece que hayamos vuelto al principio y que tuviera que aprenderlo todo de nuevo. Vuelven los “no” y los toquecitos en el morro. No quiero pasarle ni una pues la adolescencia es tan importante o más que la propia infancia en la vida de un perro. Lo que Barney aprenda durante los próximos meses determinará en gran medida su comportamiento durante el resto de su vida y no me gustaría que se acostumbrase a salirse con la suya. Creo que en momentos como este es más importante que nunca mantenerse firme y no perder la calma. Si hay que repetir las cosas cien veces para que haga caso, se repiten cien veces.  Lo importante es no retirarse hasta que haya obedecido.  Mi Shar Pei es muy testarudo pero tengo comprobado que puedo llegar a serlo más que él.

Me he comprado un libro con trucos nuevos. Los que le había enseñado ya los tenía muy dominados. Ahora para ganarse las golosinas le toca esforzarse un poco más. La verdad es que le recomiendo a todo el mundo que practique este tipo de ejercicios. Son muy útiles para entrenar la obediencia del perro de una manera divertida para ambos. Es muy gratificante ver como Barney me mira atento mientras agita la cola a la espera de una nueva orden. En cuanto tengamos un poco más controlados los trucos nuevos subiremos un vídeo para compartir con vosotros sus progresos.

by -
4 168

La elegida


Hace un par de posts, como si de una premonición se tratase, escribí  “El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo”  Pues bien, ese día ha llegado. 

Desde hace un par de semanas venía observando que a mi Shar Pei ya no le valía cualquier sitio para hacer pipí.  Buscaba los árboles, postes y esquinas en los que habían orinado antes otros perros.  Viendo esto, me imaginaba que no tardaría mucho en llegar el día en el que se animara a hacer pis como un perro adulto pero aún así no pude evitar sorprenderme y que carajo, hasta emocionarme, cuando lo vi realizar tan inédita maniobra.
Hay que decir que Barney es un perro con clase y no le sirvió para estrenarse en estos menesteres cualquier arbolucho del tres al cuarto sino que eligió una estupenda columna renacentista. Se acercó hacia ella con decisión, la olió un poco y… ¡Ale!  Se alejó un par de metros, volvió a acercarse, la olfateó de nuevo y repitió la jugada por si no me había quedado claro. 


La verdad es que no sé si llegó a hacer pipí o si sólo estaba haciendo prácticas,  estaba demasiado lejos como para verlo y en todos los paseos que hemos dado posteriormente a este ha orinado como siempre.  Fuera como fuere, lo que sí que está claro es que, a una semana de los ocho meses, Barney ha empezado a hacer sus pinitos. 
Aquella misma tarde, cuando creía que ya lo había visto todo, Barney volvió a demostrarme de nuevo que ya no es un cachorrito.  Me quedé perpleja al verlo montado sobre una Cocker Spaniel, dejando más que claro  que no padece fimosis.  Lo aparté enseguida y le reñí.  No sé si haría mal o bien, pero no supe reaccionar de otro modo.  No me gustaría que Barney se aficionara a esos juegos y que fuera dejando preñadas a todas las hembras del barrio.  En cuanto empezaran a nacer cachorros arrugados se iba a hacer cola en la puerta de mi casa reclamando manutenciones y no está el horno para bollos.

by -
8 205
Petra y Barney separados por una línea imaginaria
Tal y como habíamos planeado, este domingo mi marido, Barney y yo subimos al coche rumbo al campo. Petra, de quien os hablaba en el post anterior, nos esperaba en el monte junto al resto de mi familia. Trotta, la Bichón de mi tía, no nos pudo acompañar ya que estaba un poco malita.


Unas amigas que hicimos durante
nuestro paseo silvestre

En cuanto llegamos al campo, Barney echó a galopar como un potro desbocado. Estaba entusiasmado ante tanto espacio donde correr libremente, tantos olores nuevos y tantos palos. En cuanto deparó en la presencia de Petra, se apresuró a invitarla a jugar con él pero ésta resultó no estar muy por la labor. La Pastor Belga de mi madre, optó por mantener las distancias durante toda la jornada y no dudó en enseñarle los dientes a Barney cuando consideró que éste se acercaba demasiado a ella. Me dio un poco de pena que las cosas no fluyeran entre ellos pero ¿Qué le vamos a hacer? Cuando no hay feeling, no hay feeling…

Lo cierto es que cada vez hay más perros que le gruñen a mi pequeño. Cuando era más cachorro todos los canes del parque le aceptaban pero según ha ido creciendo, muchos de ellos han cambiado su actitud hacia él por un trato mucho más dominante. Cuando le gruñen, el pobre no se suele dar por aludido e insiste en compartir juegos por lo que en más de una ocasión mi cachorro ha vuelto a casa con un buen bocado en la cara.

Este cambio de actitud hacia mi Shar Pei me tenía bastante desconcertada. No comprendía por qué, casi de la noche a la mañana, Barney había dejado de ser el mejor Relaciones Públicas del parque. Mi cachorro es muy sumiso y jamás ha gruñido a ningún perro, ni siquiera para defenderse, por lo que me resultaba muy extraño que otros perros rivalizaran con él. Para salir de dudas, le comenté el caso a Antonio, un buen amigo especialista en etología canina.

 

Antonio me hizo entender enseguida que este cambio de actitud hacia Barney no era casual. Por lo visto, es muy frecuente que los Shar Peis se lleven algún que otro mordisco sin motivo aparente. Sin embargo, sí que hay una razón para ello y si por algo destaca, es precisamente por aparente. Mi amigo me explicó que el aspecto de esta raza confunde a otros perros. Su arrugada cara les resta expresividad y sus congéneres, incapaces de interpretar sus verdaderas intenciones, suelen percibir que están enfurecidos. Además, el rabo erguido es entendido por la mayoría de los perros como un signo de agresividad y dominancia. Por si esto fuera poco, el olor del Shar Pei también es muy distinto al del resto de razas caninas y tiende a confundir a otros canes. Teóricamente, todas estas particularidades del Shar Pei, forman parte de un mecanismo de defensa para disuadir al adversario, pero en la práctica puede incitar a perros más dominantes a atacar a nuestros pachones perritos.

De pequeñines, su extraña apariencia no suele provocarles problemas ya que la Naturaleza los protege desprendiendo oxitocina, una hormona que favorece la empatía y el cariño. A medida que van creciendo, los cachorros dejan de segregar esta sustancia y pasan a desprender testosterona dejando de gozar, a partir de los seis meses aproximadamente, de ese manto protector bajo el que los cobija la Naturaleza.

Cuando le conté todo esto a mi marido, bromeó diciéndome que no es que los Shar Peis sean independientes sino que, como les marginan por raritos, no les queda más remedio que jugar solos. No sé si tendrá razón pero desde que Antonio me explicó esta teoría, nadie me quita de la cabeza que los perros de mi barrio son demasiado superficiales.

by -
5 196

La revisión de hoy ha ido de maravilla. El contraste apenas ha pigmentado, lo que significa que los ojos de mi Shar Pei ya están curados casi por completo. Temía que el diagnóstico no fuera tan alentador ya que hace un par de días Barney perdió una de sus grapas haciendo el bruto en el parque pero lo cierto es que la veterinaria le ha visto tan buen aspecto que no ha considerado necesario ni siquiera volvérsela a poner. Además le han reducido mucho la dosis de medicación. De las diez gotas por ojo y día con las que comenzamos el tratamiento hemos bajado a sólo cuatro. La recuperación está siendo mucho más rápida de lo que había imaginado y la verdad es que no podría estar más contenta.

 

Es un placer ver que poco a poco Barney se va estabilizando y no me refiero sólo en cuanto a temas de salud sino a todo en general. Mi Shar Pei cada día es menos cachorro y más perro. Ya sólo le pongo de comer una vez al día, pues ha aprendido a racionarse el pienso como un perro adulto. Ya no anda detrás de mi durante todo el día sino que se muestra mucho más independiente y sosegado. Nuestra vida juntos es cada vez más tranquila. Él ya conoce nuestras costumbres y nuestras normas y se ha adaptado a ellas a la perfección. Mi marido y yo ya no vivimos en una pugna constante para intentar adoctrinar a Barney sino que convivimos con un hermoso Shar Pei bien educado que, con su cariño y lealtad, hace que nuestros días sean más completos.

Esta situación me colma de bienestar pero a la vez me deja muy poca temática sobre la que escribir por lo que he pensado dilatar más en el tiempo las publicaciones. A partir de ahora escribiré únicamente cuando ocurra algo extraordinario. El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo. Cada día en el que no publique nada será un día normal en el que Barney se habrá pasado media jornada jugando en el parque y la otra media durmiendo.

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos vuestra participación en este blog. La aventura de aprender a convivir con un cachorro ha sido todavía más emocionante gracias a todas y cada una de vuestras aportaciones. Gracias a los que nos habéis seguido desde el anonimato y sobre todo a aquellos que, generosamente, habéis compartido vuestras experiencias e impresiones con Barney y conmigo. Gracias por aportarnos nuevas ideas sobre las que escribir y presentarnos a vuestros peludos. ¡Quién me hubiera dicho a mi que mi perro llegaría a tener más amigos en Facebook que yo! Espero y deseo que hasta que Barney y yo vivamos una nueva aventura digna de ser contada, sigáis haciéndonos llegar cualquier comentario, aportación o sugerencia que consideréis oportuno pues las valoramos infinitamente.

by -
7 265
El lunes tuve que pasar la noche fuera de casa así que por primera vez mis dos machos se quedaron solos. Mi marido me llamó antes de irse a la cama para contarme cómo le había ido el día. Le pregunté por Barney, ya que aquella misma mañana le habían puesto las grapas. Me contó que estaba preocupado por él porque a la hora de la cena se había comportado de un modo muy extraño. Por lo visto, cuando se acercó a su cuenco lo golpeó y éste hizo un fuerte ruido. Según me explicó, el estruendo asustó al cachorro y aquella noche no quiso ni probar el pienso. Me resultó raro pues Barney siempre ha sido muy glotón pero no le di mucha importancia. Pensé que quizás se le hacía raro que yo no estuviera en casa o que tal vez estuviera desanimado por el collar isabelino. Intenté tranquilizar a mi marido diciéndole que seguro que a la mañana siguiente su voraz apetito volvía despertarse.


Llegó el martes y siguió sin probar su comida durante todo el día. Confiaba en que cuando yo regresara aquella misma noche se animaría y volvería a ser el de siempre pero cuando le di la cena mi gozo se hundió en un pozo. No la quería ni catar. Estaba irreconocible. En lugar de relajarse frente a su comedero como siempre había hecho, estiraba su cuerpo todo lo que le daban los músculos para olisquearlo con desconfianza. Probé a mezclarle el pienso con unas tiras de jamón dulce que despertaron su curiosidad. Poco a poco fue hundiendo la cabeza en el bol pero para mi sorpresa, en lugar de animarse a comer se limitó a sacar un puñado de pienso del cuenco y dejarlo en el suelo para seguir oliéndolo desde ahí. Mi marido y yo estábamos desconcertados. El perro no tenía fiebre, ni vómitos, ni diarreas pero tampoco apetito.
 
Supusimos que quizás estuviera un poco triste porque entre la cojera y la úlcera lleva casi un mes sin jugar con otros perros. Además cada vez que le ponemos el isabelino se queda como un alma en pena. Para intentar animarlo, decidimos llevarlo esa noche al parque. A esas horas no suelen haber perros pero imaginamos que aún así, correr suelto le vendría bien para levantarle el ánimo y abrirle el apetito. También acordamos no colocarle el isabelino salvo que fuera absolutamente imprescindible. Barney disfrutó mucho de su escapada nocturna. Corrió por todo el parque como un galgo hasta terminar jadeando. De vuelta a casa mi marido y yo aventurábamos que se tiraría al comedero en cuanto lo viera. Sin embargo, cuando entró a la cocina pasó absolutamente de la comida.

A la mañana siguiente tampoco quiso pegar bocado. Le mezclé el pienso con atún pero ni lo probó. Repetía ese extraño comportamiento de echar la comida al suelo para olerla pero no se la tragaba. Probé a cambiarle el pienso a un recipiente más bajo, casi a ras de suelo pero seguía sin comer absolutamente nada. Empezaba a estar bastante preocupada. Barney llevaba ya dos días y medio sin comer y no parecía motivarse ante ningún estímulo. Además lo notábamos muy apático. No nos perseguía por toda la casa como solía hacer ni se asomaba a alcahuetear por la ventana.

Esa misma tarde quiso el azar que durante nuestro paseo nos cruzáramos con la veterinaria. Le comenté lo que sucedía y me aconsejó que esa noche le pusiera para cenar arroz y pollo hervido. Me garantizó que se lo comería de buena gana. Le dije que seguiría su consejo y quedamos en que el viernes en revisión le comentaría cómo había ido.
Llegó la noche y le preparé a Barney una suculenta ración de arroz con pollo a la que no le hizo ni caso. Me entristecía mucho verlo así. Ya llevaba 72 horas sin comer y me sentía impotente al no lograr acertar qué le ocurría ni cómo ayudarlo. Quisimos intentar algo más antes de quitarle el bol aquella noche. Mi marido bajó a un supermercado 24 horas que hay a pocos metros de mi casa y compró una lata de paté de cordero para perros. Olía fenomenal, daban ganas de untarlo entre el pan. Pensé que si aquello no le animaba a comer no esperaría hasta el viernes para llevarlo a la consulta. Afortunadamente aquel fuerte olor despertó el apetito de mi cachorro. Comió muy poco, lentamente y masticando fuera del cuenco pero al menos comió algo. Mi marido y yo suspiramos aliviados al verlo cenar después de tres días sin pegar bocado y aquella noche nos fuimos a dormir mucho más tranquilos.
Esta mañana le hemos vuelto a poner pienso en el comedero y apenas le ha hecho caso. En lugar de darle otra vez paté (no quiero que se acostumbre a ese tipo de comida) he querido quemar un último cartucho. Lo he llevado al parque para que jugara con sus amigos a riesgo de que perdiera las grapas en el fragor de la batalla. Barney se ha divertido como un enano y al volver a casa se ha obrado el milagro. Mi cachorro se ha aproximado a su bol y se ha comido con ganas casi toda la ración que había rechazado a primera hora.
Desde luego, cuando Barney llegó a casa no podía ni imaginar los quebraderos de cabeza que me iba a hacer pasar. Es como tener un niño de cuatro de patas. Sin embargo, son tantas las alegrías y satisfacciones con las que colma a esta pequeña familia que hace que todo valga la pena y es que, como dice el canino refrán, sarna con gusto no pica.