pata Archivos - Mi Shar Pei

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No sé qué problema hay en mi cuenta de blogger pero desde hace semanas no puedo añadir comentarios a las entradas. Aprovecho este post para daros las gracias a todos aquellos que os habéis interesado por la salud de mi revoltoso Shar Pei durante los últimos días. Leyendo atentamente vuestros comentarios, me he sentido por momentos como un miembro del equipo del Doctor House en búsqueda de un diagnóstico. He de decir que hay quién ha dado en el clavo pero los lauros y honores los dejaremos para el final.
 

El viernes volvimos a la clínica para comprobar qué tal estaba yendo el tratamiento y pedir las analíticas. Barney seguía sintiendo mucho dolor en sus patas traseras y también se quejaba cuando le tocaban la pancita así que decidieron cambiarle el antinflamatorio por otro más fuerte. La veterinaria nos sugirió que además de las analíticas le hiciéramos unas radiografías para descartar enfermedades típicas del crecimiento.  ¿Cómo íbamos a decir que no? Viendo a tu pequeñajo triste, dolorido y sin apetito estás absolutamente vendido. Sólo quieres verlo bien y las deudas, el paro y demás pormenores pasan a un segundo plano.

Las placas salieron perfectas. Lo único que llamaba la atención era que habían muchas caquitas. Por lo visto, el dolor le impedía a mi peludo evacuar en condiciones así que esa misma tarde pasé por el trepidante trance de aplicarle un enema a mi cachorro. No daré más detalles respecto a este asunto por motivos obvios. La doctora nos entregó además la medicación inyectable para que pudiéramos tratar a Barney durante el fin de semana. Desde los primeros años de noviazgo, mi marido y yo no habíamos vuelto a dedicar un finde  completo a jugar a los médicos así que no puedo más que darle las gracias a la doctora por tal ocurrencia.

Durante el fin de semana, la mejoría fue evidente. La inflamación bajó, el apetito resurgió y la fiebre no volvió a hacer acto de presencia. La vitamina B que le inyectamos puso a Barney como una moto. Sólo quería jugar y correr. Estaba requetehiperactivo. Vistos los efectos, le pedí a la veterinaria que me pinchara lo mismo pero no la convencí.

El lunes volvimos a la clínica para recoger los análisis. Afortunadamente, en ellos se descartaban las posibles causas que más nos preocupaban: La leishmania y los problemas hepáticos y renales. Sin embargo, daban positivo en Rickettsia. Nombramos pues, Doctora Honoris Causa a nuestra querida bloguera Raquel, quien acertó de pleno con el diagnóstico.

Por lo visto, una intrépida garrapata se ha saltado todos los controles de seguridad (pipetas y collar antiparasitario) y ha mordido al pupas de mi, cada vez menos, cachorro. Para más inri, no ha sido una garrapata cualquiera sino una garrapata infectada por una bacteria un tanto asquerosilla cuyo pasatiempo preferido es destruir los glóbulos rojos pudiendo, si no es detectada a tiempo, a secar la médula ósea y a destruir algunos órganos vitales. Es increíble que algo tan pequeño pueda llegar a hacer tanto daño. Por suerte, con un diagnóstico temprano se evita llegar a estos extremos y previsiblemente, en poco más de un mes no quedará en el organismo de mi coleguita de cuatro patas ni rastro de semejante bichejo.

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Barney y yo acabamos de volver del veterinario. El viene encantado, yo un poco mosqueada porque pagar más 30€ por menos de 15 minutos de visita me parece un tanto abusivo. Probablemente dedique otro post a hablar largo y tendido sobre este asunto pero de momento me centraré en contarte el motivo por el que hemos ido hoy a la consulta.

Desde hace unos días venía observando una leve cojera en la pata delantera derecha de mi cachorro. Supuse que debía haberse clavado algo en el pie (cosas de andar descalzo) así que lo examiné con mucha atención. Observé minuciosamente todas sus almohadillas y busqué entre sus deditos algo que lo pudiera molestar pero no encontré nada. Doblé con mucho cuidado su tobillo y su rodilla esperando un gemido pero Barney ni se inmutaba así que pensé que no debía ser gran cosa y dejé pasar un par de días para ver

cómo evolucionaba. Confiaba en que con el tiempo cesara su cojera pero para mi desasosiego, con el paso de los días ésta se ha ido acentuando cada vez más así que me he decidido a acudir al veterinario.

En la consulta se han cerciorado de que, efectivamente, no tuviera nada clavado en ninguna de sus almohadillas y han flexionado sus articulaciones. Además de doblarle el tobillo y la rodilla, cómo hice yo hace un par de días, también han flexionado su hombro y ahí ha resultado estar el quiz de la cuestión. El pobre, es más bueno que el pan y no ha llorado, ni ha gruñido pero mientras lo sujetaba he podido sentir como se estremecía de dolor cada vez que la doctora le tocaba justo en ese punto.

La veterinaria me ha dicho que probablemente tuviera la articulación inflamada a causa de un golpe, un mal movimiento o una caída. Con lo bruto que es jugando no me extraña nada que se haya hecho daño. Deberá tomar unos antiinflamatorios y guardar reposo durante tres días. De aquí al viernes nada de parque ni de correr detrás de la pelota. ¡Qué lastimica! ¡Para dos hobbys que tiene! Esperemos que con esto se mejore y que dentro de unos días esté trotando de nuevo.

Ya que estaba en la consulta y que me iban a cobrar lo mismo le he pedido a la doctora que le mirase los ojitos a Barney. Tras echarle un vistazo me ha dicho que observaba en un punto muy específico un poquito de queratitis. La queratitis es una inflamación de la córnea que suele presentarse en los Shar Peis a causa del dichoso entropión. El roce constante de las pestañas en el ojo acaba irritando la zona pudiendo llegar a ocasionar úlceras si no es detectado y tratado a tiempo. La veterinaria me ha recomendado que siga limpiando e hidratando sus ojos como hasta ahora pero mucho me temo que cuando vuelva el viernes a revisión me recomienden ponerle unos puntos. Seguiremos informando…