cachorro Archivos - Mi Shar Pei

cachorro

by -
1 660

Hace ya mucho que no entro por aquí y os aseguro que no es por falta de ganas sino más bien por falta de tiempo.  La voracidad del día a día me absorbe y me resulta casi imposible encontrar un hueco para sentarme tranquilamente frente al ordenador y hablaros de Barney y de sus peripecias.

Hoy, por fin he encontrado el momento y la verdad es que no sé ni por dónde empezar.  He releído algunos posts antiguos y me parece que haya pasado una eternidad desde entonces.  Barney ya no es para nada el cachorro del que os hablaba hace un par de años y que me daba mil quebraderos de cabeza con sus papilomas y sus anginas.  Mi Shar Pei es ahora un perro fuerte y sano aunque eso sí, sigue padeciendo con sus ojitos y al final me he decidido a operarlo de entropión cuando pase el verano.  Os mantendré informados XD.

Pero en fin a lo que iba…  Me sorprende mucho al releer el blog lo mucho que Barney ha cambiado en apenas un año.   Mantiene muchos rasgos de su personalidad intactos desde que era un cachorro pero ha cambiado otros según ha ido pasando el tiempo.  Supongo que, como las personas, los SharPeis también maduran.

Mi pequeño sigue siendo un perro tranquilo y cariñoso.  Le encanta que lo acaricie y frotar su cabeza contra mis piernas mientras ronronea como un gato en muestra de afecto.  Poco a poco nos hemos ido conociendo y comprendiendo de una forma muy natural.  Es muy listo.  Entiende un montón de cosas, conoce y respeta las normas y nos hace caso en todo aunque sea a regañadientes.   Es muy gracioso verle tumbarse de golpe frente a la ventana mientras deja clara su resignación con un fuerte resoplido cuando él quiere jugar y le decimos que nos deje tranquilitos ver la tele por las noches.

Donde más ha cambiado su forma de comportarse es en la calle.  Antes le encantaba pasarse horas en el parque jugando con otros perros.  Le daba igual que le gruñeran o le mordieran, él insistía e insistía hasta que los demás perros se hacían amigos suyos aunque fuera por pesado.  A mi esto me resultaba muy curioso ya que estaba harta de leer que esta raza se caracterizaba por su independecia y creía que realmente, mi Shar Pei era singular en este aspecto pero no,  simplemente era muy pequeño todavía.

Ahora va a su bola.  Saluda y tal pero no intima con nadie. Prefiere pasarse las horas escarbando el suelo en busca de piedras aunque confieso que en alguna ocasión ha conseguido tesoros más valiosos: Bocas de riego para ser más exactos…  Espero que el concejal de urbanismo no llegue nunca a este post.

Aún así, Barney conserva sus amigos íntimos: Eco, un Shar Pei con el que curiosamente sigue jugando como cuando era un cachorro y Dina, su sobrinita postiza a la que defiende a base de ladridos cuando otro perro le molesta.  Me resulta muy curioso verlo en ese papel protector porque hasta hace muy poco, nunca le había escuchado ladrar de “mal rollo” a nadie.

¿Y vosotros?  ¿También habéis notado cambios en el carácter de vuestros Peis con el paso del tiempo?

by -
4 228
Hace unas semanas, mi madre me animó a reportar este blog a la web facilisimo.com, ya que celebraban un concurso de blogs de mascotas.  Así lo hice y para mi sorpresa resulté ganadora.   Ayer recibimos con gran alegría el premio en nuestra casa.  Consta de un saco de pienso y unas bolsitas de snacks.  Como os podéis imaginar, estoy muy orgullosa de que Barney ya se gane el pienso con sus propios méritos. 
He pensado en sortear un par de bolsitas de estos snacks entre aquellos que seguís este blog ya que con vuestros comentarios me habéis animado a seguir publicando entradas y he aprendido muchas cosas nuevas sobre esta raza.   Los snacks ayudan a mantener la salud dental y como podéis ver en la foto, a Barney le han encantado.
Si os apetece participar sólo teneis que haceros amigos de Mi Shar Pei en Facebook y publicar en el muro una anécdota que hayais vivido junto a vuestro perro.  No hace falta que sean muy largas, ni que estén perfectamente redactadas.  La idea es que compartais con nosotros algún momento que hayais disfrutado con vuestros peludos y que recordeis especialmente.
 

Dentro de un mes, un selecto jurado (mi marido) decidirá cuál le gusta más y le haremos llegar el regalito.  El premio es más simbólico que otra cosa pero me hace mucha ilusión tener un detalle con vosotros así que espero que os animéis a participar.
 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Esperamos impacientes vuestras anécdotas!!!!!!!!!

by -
18 3781
Parece mentira que crezcan tan rápido

Antes de decidirse a comprar un Shar Pei es frecuente que uno se interese por las particularidades de la raza. Recuerdo que antes de que Barney pasase a formar parte de mi familia yo misma devoré tropecientos libros y otras tantas webs en busca información y experiencias de otros propietarios. Me resulta muy curioso que ahora otros futuros dueños y papás primerizos, acudan a este blog buscando respuestas a sus preguntas. Me hace mucha gracia cuando recibo un correo o me hacen un comentario en el blog o en Facebook pidiéndome consejo pues como digo en la cabecera del blog, nunca antes había tenido un perro y lo poco que puedo aportar es aquello que he ido aprendiendo hasta la fecha junto a Barney.

Aún así, recibo consultas frecuentemente sobre cómo inculcarle a los cachorros unas pautas básicas de buena conducta. Aunque no soy ninguna experta, siempre intento responder, desde mi escasa experiencia, lo mejor que sé. La gente suele ser muy amable y me agradece la ayuda enviándome fotografías de sus cachorros y manteniéndome informada sobre sus progresos por lo que me resulta de lo más gratificante. No obstante, viendo que las dudas casi siempre son las mismas, me he decidido a publicar un post explicando lo que, desde mi humilde opinión, todo cachorrito de Shar Pei debería empezar a aprender nada más llegar a casa si queremos convivir en un futuro con un perro bien educado… 

by -
4 167

La elegida


Hace un par de posts, como si de una premonición se tratase, escribí  “El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo”  Pues bien, ese día ha llegado. 

Desde hace un par de semanas venía observando que a mi Shar Pei ya no le valía cualquier sitio para hacer pipí.  Buscaba los árboles, postes y esquinas en los que habían orinado antes otros perros.  Viendo esto, me imaginaba que no tardaría mucho en llegar el día en el que se animara a hacer pis como un perro adulto pero aún así no pude evitar sorprenderme y que carajo, hasta emocionarme, cuando lo vi realizar tan inédita maniobra.
Hay que decir que Barney es un perro con clase y no le sirvió para estrenarse en estos menesteres cualquier arbolucho del tres al cuarto sino que eligió una estupenda columna renacentista. Se acercó hacia ella con decisión, la olió un poco y… ¡Ale!  Se alejó un par de metros, volvió a acercarse, la olfateó de nuevo y repitió la jugada por si no me había quedado claro. 


La verdad es que no sé si llegó a hacer pipí o si sólo estaba haciendo prácticas,  estaba demasiado lejos como para verlo y en todos los paseos que hemos dado posteriormente a este ha orinado como siempre.  Fuera como fuere, lo que sí que está claro es que, a una semana de los ocho meses, Barney ha empezado a hacer sus pinitos. 
Aquella misma tarde, cuando creía que ya lo había visto todo, Barney volvió a demostrarme de nuevo que ya no es un cachorrito.  Me quedé perpleja al verlo montado sobre una Cocker Spaniel, dejando más que claro  que no padece fimosis.  Lo aparté enseguida y le reñí.  No sé si haría mal o bien, pero no supe reaccionar de otro modo.  No me gustaría que Barney se aficionara a esos juegos y que fuera dejando preñadas a todas las hembras del barrio.  En cuanto empezaran a nacer cachorros arrugados se iba a hacer cola en la puerta de mi casa reclamando manutenciones y no está el horno para bollos.

by -
8 205
Petra y Barney separados por una línea imaginaria
Tal y como habíamos planeado, este domingo mi marido, Barney y yo subimos al coche rumbo al campo. Petra, de quien os hablaba en el post anterior, nos esperaba en el monte junto al resto de mi familia. Trotta, la Bichón de mi tía, no nos pudo acompañar ya que estaba un poco malita.


Unas amigas que hicimos durante
nuestro paseo silvestre

En cuanto llegamos al campo, Barney echó a galopar como un potro desbocado. Estaba entusiasmado ante tanto espacio donde correr libremente, tantos olores nuevos y tantos palos. En cuanto deparó en la presencia de Petra, se apresuró a invitarla a jugar con él pero ésta resultó no estar muy por la labor. La Pastor Belga de mi madre, optó por mantener las distancias durante toda la jornada y no dudó en enseñarle los dientes a Barney cuando consideró que éste se acercaba demasiado a ella. Me dio un poco de pena que las cosas no fluyeran entre ellos pero ¿Qué le vamos a hacer? Cuando no hay feeling, no hay feeling…

Lo cierto es que cada vez hay más perros que le gruñen a mi pequeño. Cuando era más cachorro todos los canes del parque le aceptaban pero según ha ido creciendo, muchos de ellos han cambiado su actitud hacia él por un trato mucho más dominante. Cuando le gruñen, el pobre no se suele dar por aludido e insiste en compartir juegos por lo que en más de una ocasión mi cachorro ha vuelto a casa con un buen bocado en la cara.

Este cambio de actitud hacia mi Shar Pei me tenía bastante desconcertada. No comprendía por qué, casi de la noche a la mañana, Barney había dejado de ser el mejor Relaciones Públicas del parque. Mi cachorro es muy sumiso y jamás ha gruñido a ningún perro, ni siquiera para defenderse, por lo que me resultaba muy extraño que otros perros rivalizaran con él. Para salir de dudas, le comenté el caso a Antonio, un buen amigo especialista en etología canina.

 

Antonio me hizo entender enseguida que este cambio de actitud hacia Barney no era casual. Por lo visto, es muy frecuente que los Shar Peis se lleven algún que otro mordisco sin motivo aparente. Sin embargo, sí que hay una razón para ello y si por algo destaca, es precisamente por aparente. Mi amigo me explicó que el aspecto de esta raza confunde a otros perros. Su arrugada cara les resta expresividad y sus congéneres, incapaces de interpretar sus verdaderas intenciones, suelen percibir que están enfurecidos. Además, el rabo erguido es entendido por la mayoría de los perros como un signo de agresividad y dominancia. Por si esto fuera poco, el olor del Shar Pei también es muy distinto al del resto de razas caninas y tiende a confundir a otros canes. Teóricamente, todas estas particularidades del Shar Pei, forman parte de un mecanismo de defensa para disuadir al adversario, pero en la práctica puede incitar a perros más dominantes a atacar a nuestros pachones perritos.

De pequeñines, su extraña apariencia no suele provocarles problemas ya que la Naturaleza los protege desprendiendo oxitocina, una hormona que favorece la empatía y el cariño. A medida que van creciendo, los cachorros dejan de segregar esta sustancia y pasan a desprender testosterona dejando de gozar, a partir de los seis meses aproximadamente, de ese manto protector bajo el que los cobija la Naturaleza.

Cuando le conté todo esto a mi marido, bromeó diciéndome que no es que los Shar Peis sean independientes sino que, como les marginan por raritos, no les queda más remedio que jugar solos. No sé si tendrá razón pero desde que Antonio me explicó esta teoría, nadie me quita de la cabeza que los perros de mi barrio son demasiado superficiales.

by -
5 195

La revisión de hoy ha ido de maravilla. El contraste apenas ha pigmentado, lo que significa que los ojos de mi Shar Pei ya están curados casi por completo. Temía que el diagnóstico no fuera tan alentador ya que hace un par de días Barney perdió una de sus grapas haciendo el bruto en el parque pero lo cierto es que la veterinaria le ha visto tan buen aspecto que no ha considerado necesario ni siquiera volvérsela a poner. Además le han reducido mucho la dosis de medicación. De las diez gotas por ojo y día con las que comenzamos el tratamiento hemos bajado a sólo cuatro. La recuperación está siendo mucho más rápida de lo que había imaginado y la verdad es que no podría estar más contenta.

 

Es un placer ver que poco a poco Barney se va estabilizando y no me refiero sólo en cuanto a temas de salud sino a todo en general. Mi Shar Pei cada día es menos cachorro y más perro. Ya sólo le pongo de comer una vez al día, pues ha aprendido a racionarse el pienso como un perro adulto. Ya no anda detrás de mi durante todo el día sino que se muestra mucho más independiente y sosegado. Nuestra vida juntos es cada vez más tranquila. Él ya conoce nuestras costumbres y nuestras normas y se ha adaptado a ellas a la perfección. Mi marido y yo ya no vivimos en una pugna constante para intentar adoctrinar a Barney sino que convivimos con un hermoso Shar Pei bien educado que, con su cariño y lealtad, hace que nuestros días sean más completos.

Esta situación me colma de bienestar pero a la vez me deja muy poca temática sobre la que escribir por lo que he pensado dilatar más en el tiempo las publicaciones. A partir de ahora escribiré únicamente cuando ocurra algo extraordinario. El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo. Cada día en el que no publique nada será un día normal en el que Barney se habrá pasado media jornada jugando en el parque y la otra media durmiendo.

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos vuestra participación en este blog. La aventura de aprender a convivir con un cachorro ha sido todavía más emocionante gracias a todas y cada una de vuestras aportaciones. Gracias a los que nos habéis seguido desde el anonimato y sobre todo a aquellos que, generosamente, habéis compartido vuestras experiencias e impresiones con Barney y conmigo. Gracias por aportarnos nuevas ideas sobre las que escribir y presentarnos a vuestros peludos. ¡Quién me hubiera dicho a mi que mi perro llegaría a tener más amigos en Facebook que yo! Espero y deseo que hasta que Barney y yo vivamos una nueva aventura digna de ser contada, sigáis haciéndonos llegar cualquier comentario, aportación o sugerencia que consideréis oportuno pues las valoramos infinitamente.

by -
7 265
El lunes tuve que pasar la noche fuera de casa así que por primera vez mis dos machos se quedaron solos. Mi marido me llamó antes de irse a la cama para contarme cómo le había ido el día. Le pregunté por Barney, ya que aquella misma mañana le habían puesto las grapas. Me contó que estaba preocupado por él porque a la hora de la cena se había comportado de un modo muy extraño. Por lo visto, cuando se acercó a su cuenco lo golpeó y éste hizo un fuerte ruido. Según me explicó, el estruendo asustó al cachorro y aquella noche no quiso ni probar el pienso. Me resultó raro pues Barney siempre ha sido muy glotón pero no le di mucha importancia. Pensé que quizás se le hacía raro que yo no estuviera en casa o que tal vez estuviera desanimado por el collar isabelino. Intenté tranquilizar a mi marido diciéndole que seguro que a la mañana siguiente su voraz apetito volvía despertarse.


Llegó el martes y siguió sin probar su comida durante todo el día. Confiaba en que cuando yo regresara aquella misma noche se animaría y volvería a ser el de siempre pero cuando le di la cena mi gozo se hundió en un pozo. No la quería ni catar. Estaba irreconocible. En lugar de relajarse frente a su comedero como siempre había hecho, estiraba su cuerpo todo lo que le daban los músculos para olisquearlo con desconfianza. Probé a mezclarle el pienso con unas tiras de jamón dulce que despertaron su curiosidad. Poco a poco fue hundiendo la cabeza en el bol pero para mi sorpresa, en lugar de animarse a comer se limitó a sacar un puñado de pienso del cuenco y dejarlo en el suelo para seguir oliéndolo desde ahí. Mi marido y yo estábamos desconcertados. El perro no tenía fiebre, ni vómitos, ni diarreas pero tampoco apetito.
 
Supusimos que quizás estuviera un poco triste porque entre la cojera y la úlcera lleva casi un mes sin jugar con otros perros. Además cada vez que le ponemos el isabelino se queda como un alma en pena. Para intentar animarlo, decidimos llevarlo esa noche al parque. A esas horas no suelen haber perros pero imaginamos que aún así, correr suelto le vendría bien para levantarle el ánimo y abrirle el apetito. También acordamos no colocarle el isabelino salvo que fuera absolutamente imprescindible. Barney disfrutó mucho de su escapada nocturna. Corrió por todo el parque como un galgo hasta terminar jadeando. De vuelta a casa mi marido y yo aventurábamos que se tiraría al comedero en cuanto lo viera. Sin embargo, cuando entró a la cocina pasó absolutamente de la comida.

A la mañana siguiente tampoco quiso pegar bocado. Le mezclé el pienso con atún pero ni lo probó. Repetía ese extraño comportamiento de echar la comida al suelo para olerla pero no se la tragaba. Probé a cambiarle el pienso a un recipiente más bajo, casi a ras de suelo pero seguía sin comer absolutamente nada. Empezaba a estar bastante preocupada. Barney llevaba ya dos días y medio sin comer y no parecía motivarse ante ningún estímulo. Además lo notábamos muy apático. No nos perseguía por toda la casa como solía hacer ni se asomaba a alcahuetear por la ventana.

Esa misma tarde quiso el azar que durante nuestro paseo nos cruzáramos con la veterinaria. Le comenté lo que sucedía y me aconsejó que esa noche le pusiera para cenar arroz y pollo hervido. Me garantizó que se lo comería de buena gana. Le dije que seguiría su consejo y quedamos en que el viernes en revisión le comentaría cómo había ido.
Llegó la noche y le preparé a Barney una suculenta ración de arroz con pollo a la que no le hizo ni caso. Me entristecía mucho verlo así. Ya llevaba 72 horas sin comer y me sentía impotente al no lograr acertar qué le ocurría ni cómo ayudarlo. Quisimos intentar algo más antes de quitarle el bol aquella noche. Mi marido bajó a un supermercado 24 horas que hay a pocos metros de mi casa y compró una lata de paté de cordero para perros. Olía fenomenal, daban ganas de untarlo entre el pan. Pensé que si aquello no le animaba a comer no esperaría hasta el viernes para llevarlo a la consulta. Afortunadamente aquel fuerte olor despertó el apetito de mi cachorro. Comió muy poco, lentamente y masticando fuera del cuenco pero al menos comió algo. Mi marido y yo suspiramos aliviados al verlo cenar después de tres días sin pegar bocado y aquella noche nos fuimos a dormir mucho más tranquilos.
Esta mañana le hemos vuelto a poner pienso en el comedero y apenas le ha hecho caso. En lugar de darle otra vez paté (no quiero que se acostumbre a ese tipo de comida) he querido quemar un último cartucho. Lo he llevado al parque para que jugara con sus amigos a riesgo de que perdiera las grapas en el fragor de la batalla. Barney se ha divertido como un enano y al volver a casa se ha obrado el milagro. Mi cachorro se ha aproximado a su bol y se ha comido con ganas casi toda la ración que había rechazado a primera hora.
Desde luego, cuando Barney llegó a casa no podía ni imaginar los quebraderos de cabeza que me iba a hacer pasar. Es como tener un niño de cuatro de patas. Sin embargo, son tantas las alegrías y satisfacciones con las que colma a esta pequeña familia que hace que todo valga la pena y es que, como dice el canino refrán, sarna con gusto no pica.

by -
23 561

Cuando esta mañana hemos llegado a la clínica se han disipado todas mis dudas acerca de por qué me insistieron en que preparara a Barney para la anestesia. Lo querían meter directamente a quirófano para operarle de entropión. La idea no me ha gustado nada. Está claro que no soy veterinaria ni cirujana pero me he informado mucho sobre esta raza y todos los especialistas parecen coincidir en que no es recomendable realizar esta intervención hasta que el perro cumple un año y su cráneo está completamente desarrollado.

Le he dado mi opinión a la doctora argumentando que sabía de varios Shar Peis a los que les habían tenido que operar varias veces por haber realizado la cirugía demasiado temprano y que incluso conocía algunos casos en los que una intervención precoz había ocasionado daños en el lagrimal. La veterinaria me ha rebatido diciéndome que no creía que Barney fuera a crecer mucho más. No me ha convencido pues espero que mi cachorro todavía engorde al menos cinco kilos y he insistido en que no me parecía adecuado operarlo sin antes probar a subsanar el problema mediante otro método. De hecho, una chica me comentó en el blog que los puntos habían corregido el entropión de su Shar Pei y que gracias a ello no hizo falta ni siquiera operarlo. La doctora ha intentado hacerme cambiar de opinión diciéndome que era muy probable que mi cachorro se arrancara las grapas accidentalmente. Yo, que soy tan cabezona como Barney he insistido en que prefería tener que ponérselas varias veces que operarlo antes de tiempo. Viendo que tenía las ideas tan claras, la veterinaria finalmente ha cedido a ponérselas para que me quedara más tranquila.

Le ha puesto un par en cada ojo. Mi pequeño se ha portado genial facilitándole mucho el trabajo. Ha sido rapidísimo y no se ha necesitado ni siquiera anestesia local. Si la cosa marcha bien y no se las quita rascándose o jugando debería llevarlas puestas un par de semanas, así que de momento no se librará del collar isabelino.  Barney se agobia mucho con él. No sabe andar cuando lo lleva puesto y llora para que se lo quite, así que sí puedo estar pendiente de él no se lo pongo. Sólo se lo coloco cuando no puedo vigilarlo o si hace amago de rascarse. Tras coronarlo siempre le doy un sabroso premio para que le vea algo positivo a lo de llevar escafandra.

El viernes tenemos que ir a revisión así que como mínimo hasta entonces tendremos que seguir con el tratamiento. Ojalá entre las grapas y las gotas evolucione favorablemente y se cure esa úlcera que tanto me trae de cabeza. Si más adelante Barney necesita un lifting lo tendrá pero de momento está de lo más cool con sus nuevos piercings.





by -
5 168
Casi sin darnos cuenta, ya se han cumplido tres meses desde que Barney llegó a casa. Tres meses en los que mi cachorro se ha tenido que afanar en adaptarse a un ambiente totalmente distinto al que había conocido hasta el momento y en aprender un montón de cosas nuevas. En esta entrada voy a dejar las notas de Barney en este primer trimestre del curso 2010-2011.  Espero que esto le sirva a otros propietarios de Shar Peis más jóvenes que el mío a hacerse una idea sobre los cambios que experimentarán sus cachorros durante los próximos meses. A los dueños de ejemplares más mayores que Barney, tal vez les traiga buenos recuerdos.
Protocolo: Esta es la asignatura que Barney ha superado con mayor éxito. Poco tienen que ver los modales del asalvajado perro que hace tres meses llegó a mi casa con los del refinado cachorrito que ahora duerme plácidamente mientras que yo escribo este post. Es impresionante como ha dejado de abalanzarse sobre el comedero a la hora de la cena. Ahora espera sentado y paciente a que le de la orden antes de empezar a comer. He grabado un video para que observes la evolución desde que publiqué, hace apenas tres semanas, la entrada ¡¡¡¡A comer!!!! Aprendiendo buenos modales.

 

Además, Barney ya sabe perfectamente que a la hora de salir a la calle, antes de cruzar la puerta debe esperar a que yo y mi marido lo hagamos primero. Lo mismo ocurre cuando volvemos a casa. Es muy gracioso ver como espera sentado con cara de resignación mientras que nosotros nos limpiamos los zapatos en el felpudo con la mayor de las parsimonias. En cuanto cruzamos el umbral de la puerta sale pitando hacia el bebedero. Por todos estos logros, calificó a mi cachorro con un 10 en esta materia.


Paseo: Esta calificación se va a ver un poco afectada ya que el reposo que nos ha prescrito el veterinario está desesperando a Barney a la hora del paseo. Estos últimos días, cuando salimos a la calle tira de la correa como un Pura Sangre hacia el parque por lo que no voy a poder evaluarlo todo lo positivamente que me gustaría. No obstante, la evaluación es continua y no podemos olvidar todos los progresos que ha hecho en esta materia. Pensando en aquel primer día en el que saqué a Barney de paseo me resulta imposible no echarme a reír. Recuerdo como se resistía a subir al ascensor y a pasar según por dónde. Me enternece recordar como se encogía cuando pasaba un autobús por nuestro lado y como se escondía bajo mis piernas cuando paseábamos por calles ruidosas. Cuando se acostumbró a los ruidos pasamos a otra etapa en la que sacarlo a pasear se convirtió en un auténtico suplicio. Tiraba con todas sus fuerzas de la correa hasta que lo soltaba en el parque. Una vez ahí, no obedecía a mi llamada y cuando llegaba la hora de volver a casa se tumbaba en el suelo, como imantado, dejando muy claro su desacuerdo. Pero poco a poco, a base de paciencia, tirones y premios, aprendió a comportarse durante el paseo hasta hacer de este momento una auténtica delicia. Barney ya no tira de la correa sino que trota alegremente a mi lado sin prisa pero sin pausa. En el parque se porta muy bien. Cuando lo llamo siempre acude aunque ello suponga abandonar un trepidante juego. Puedo pasear con él sin correa sin que se separe más de un par de metros de mi lado y si se despista basta con llamarlo para que vuelva moviendo el rabo. A la hora de volver a casa ya no se resiste… casi. Por todos estos avances calificaremos a Barney con un 8 en esta asignatura.

Religión: Pese a que nunca le hemos dado nada de nuestra comida, él no pierde la esperanza y siempre me acompaña cuando cocino esperando que se me ablande el alma. El otro día dejé un puchero en el fuego y me volví al salón. Me extrañó que no me siguiera y volví sigilosa para ver qué hacía. Casi me troncho al verlo inmóvil, sentando en el suelo y mirando hacia el puchero confiando en que le cayese algo. Por esta fe ciega, un 9 en esta materia.

Gimnasia: En esta asignatura Barney también ha hecho grandes avances. Al principio era un poco torpe, bueno, muy torpe. Cuando los perros corrían en el parque él siempre llegaba el último. Alguna vez incluso se ha chocado contra algún árbol y contra alguna columna. Su torpeza también era evidente a la hora de perseguir la pelota, nunca la veía. Ahora está mucho más ágil y espabilado. Corre más rápido y se defiende muy bien cuando juega con otros perros. Reconozco que sigue siendo un poco patoso, pero ha mejorado mucho así que veo justo ponerle un 7 en esta asignatura.

Como ves, las calificaciones de mi cachorro en este primer trimestre han sido muy positivas, pero tengo que decir que hay una materia en la que ha destacado por encima de todas las demás: La siesta. Matricula de Honor para mi cachorro en esta asignatura porque ser capaz de dormir 18 horas al día no lo hace cualquiera.






by -
2 419

Un par de días tomando el antiinflamatorio han sido más que suficientes para que la cojera de Barney desaparezca. No obstante, seguimos con el tratamiento y manteniendo el reposo que la veterinaria nos recomendó guardar durante 72 horas. Mi cachorro está ya que se sube por las paredes. Echa de menos su parque. Todos los días damos largos paseos pero no son tan divertidos como revolcarse por la hierba con sus congéneres. Ante estas circunstancias, no le queda otra que exprimir los juguetes que tiene en casa, mostrando claramente, cuáles son sus preferidos.

A parte del peluche de la foto, que es sin  lugar a dudas su debilidad, con lo que más se divierte es con las pelotas.  Las empuja con la cabeza y sale corriendo a por ellas. Les da un par de zarpazos, más felinos que caninos y vuelta a empezar. Como es un poco torpe, hay veces que se las ve y se las desea hasta encontrarlas. Me parece un ejercicio muy adecuado para estimular su agilidad y su espíritu rastreador aunque hay que ser cauteloso a la hora de escogerlas procurando que sean lo suficientemente grandes como para que nuestro Shar Pei no se las trague accidentalmente.

 

También le gusta mucho mordisquear huesos de cuero. No sé qué sabor tendrán pero a él le encantan. Disfruta masticándolos cuando se reblandecen y siempre anda con un trozo en la boca. Es muy gracioso verlo porque parece que esté mascando chicle. Además de divertido, este juguete es muy recomendable por otros motivos. Como ya te contaba en un post anterior, Barney está ahora en pleno cambio de dentición y jugar con estos huesos le ayuda a aflojar los dientes y calma el dolor de sus encías. A parte de esto, la composición incluye flúor por lo que son un complemento perfecto para mantener una higiene bucal adecuada.

Otro de los juguetes favoritos de Barney son los elaborados con cuerdas. Le gusta estirar de ellas por un extremo mientras nosotros las sostenemos del otro. He escuchado que este ejercicio no es muy aconsejaable porque potencia la agresividad pero, francamente, no creo que sea el caso de mi cachorro ya que de vez en cuando cesa de estirar para lamerme la mano.

Barney tiene también juguetes educativos tipo Kong. Para quiénes no los conozcais estos juguetes se diferencian de otros porque dentro de ellos se guardan golosinas para el perro. Son recomendadísimos por criadores y veterinarios pues que se supone que despiertan el ingenio y estimulan la inteligencia del perro. Bueno, pues tengo que decir que Barney pasa olímpicamente de ellos. ¡Qué le vamos a hacer! Al fin y al cabo cuando yo era pequeña también prefería jugar a peleas con mis primos que hacer construcciones con bloques de plástico.