Shar Pei Archivos - Página 3 de 6 - Mi Shar Pei

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El lunes tuve que pasar la noche fuera de casa así que por primera vez mis dos machos se quedaron solos. Mi marido me llamó antes de irse a la cama para contarme cómo le había ido el día. Le pregunté por Barney, ya que aquella misma mañana le habían puesto las grapas. Me contó que estaba preocupado por él porque a la hora de la cena se había comportado de un modo muy extraño. Por lo visto, cuando se acercó a su cuenco lo golpeó y éste hizo un fuerte ruido. Según me explicó, el estruendo asustó al cachorro y aquella noche no quiso ni probar el pienso. Me resultó raro pues Barney siempre ha sido muy glotón pero no le di mucha importancia. Pensé que quizás se le hacía raro que yo no estuviera en casa o que tal vez estuviera desanimado por el collar isabelino. Intenté tranquilizar a mi marido diciéndole que seguro que a la mañana siguiente su voraz apetito volvía despertarse.


Llegó el martes y siguió sin probar su comida durante todo el día. Confiaba en que cuando yo regresara aquella misma noche se animaría y volvería a ser el de siempre pero cuando le di la cena mi gozo se hundió en un pozo. No la quería ni catar. Estaba irreconocible. En lugar de relajarse frente a su comedero como siempre había hecho, estiraba su cuerpo todo lo que le daban los músculos para olisquearlo con desconfianza. Probé a mezclarle el pienso con unas tiras de jamón dulce que despertaron su curiosidad. Poco a poco fue hundiendo la cabeza en el bol pero para mi sorpresa, en lugar de animarse a comer se limitó a sacar un puñado de pienso del cuenco y dejarlo en el suelo para seguir oliéndolo desde ahí. Mi marido y yo estábamos desconcertados. El perro no tenía fiebre, ni vómitos, ni diarreas pero tampoco apetito.
 
Supusimos que quizás estuviera un poco triste porque entre la cojera y la úlcera lleva casi un mes sin jugar con otros perros. Además cada vez que le ponemos el isabelino se queda como un alma en pena. Para intentar animarlo, decidimos llevarlo esa noche al parque. A esas horas no suelen haber perros pero imaginamos que aún así, correr suelto le vendría bien para levantarle el ánimo y abrirle el apetito. También acordamos no colocarle el isabelino salvo que fuera absolutamente imprescindible. Barney disfrutó mucho de su escapada nocturna. Corrió por todo el parque como un galgo hasta terminar jadeando. De vuelta a casa mi marido y yo aventurábamos que se tiraría al comedero en cuanto lo viera. Sin embargo, cuando entró a la cocina pasó absolutamente de la comida.

A la mañana siguiente tampoco quiso pegar bocado. Le mezclé el pienso con atún pero ni lo probó. Repetía ese extraño comportamiento de echar la comida al suelo para olerla pero no se la tragaba. Probé a cambiarle el pienso a un recipiente más bajo, casi a ras de suelo pero seguía sin comer absolutamente nada. Empezaba a estar bastante preocupada. Barney llevaba ya dos días y medio sin comer y no parecía motivarse ante ningún estímulo. Además lo notábamos muy apático. No nos perseguía por toda la casa como solía hacer ni se asomaba a alcahuetear por la ventana.

Esa misma tarde quiso el azar que durante nuestro paseo nos cruzáramos con la veterinaria. Le comenté lo que sucedía y me aconsejó que esa noche le pusiera para cenar arroz y pollo hervido. Me garantizó que se lo comería de buena gana. Le dije que seguiría su consejo y quedamos en que el viernes en revisión le comentaría cómo había ido.
Llegó la noche y le preparé a Barney una suculenta ración de arroz con pollo a la que no le hizo ni caso. Me entristecía mucho verlo así. Ya llevaba 72 horas sin comer y me sentía impotente al no lograr acertar qué le ocurría ni cómo ayudarlo. Quisimos intentar algo más antes de quitarle el bol aquella noche. Mi marido bajó a un supermercado 24 horas que hay a pocos metros de mi casa y compró una lata de paté de cordero para perros. Olía fenomenal, daban ganas de untarlo entre el pan. Pensé que si aquello no le animaba a comer no esperaría hasta el viernes para llevarlo a la consulta. Afortunadamente aquel fuerte olor despertó el apetito de mi cachorro. Comió muy poco, lentamente y masticando fuera del cuenco pero al menos comió algo. Mi marido y yo suspiramos aliviados al verlo cenar después de tres días sin pegar bocado y aquella noche nos fuimos a dormir mucho más tranquilos.
Esta mañana le hemos vuelto a poner pienso en el comedero y apenas le ha hecho caso. En lugar de darle otra vez paté (no quiero que se acostumbre a ese tipo de comida) he querido quemar un último cartucho. Lo he llevado al parque para que jugara con sus amigos a riesgo de que perdiera las grapas en el fragor de la batalla. Barney se ha divertido como un enano y al volver a casa se ha obrado el milagro. Mi cachorro se ha aproximado a su bol y se ha comido con ganas casi toda la ración que había rechazado a primera hora.
Desde luego, cuando Barney llegó a casa no podía ni imaginar los quebraderos de cabeza que me iba a hacer pasar. Es como tener un niño de cuatro de patas. Sin embargo, son tantas las alegrías y satisfacciones con las que colma a esta pequeña familia que hace que todo valga la pena y es que, como dice el canino refrán, sarna con gusto no pica.

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Cuando esta mañana hemos llegado a la clínica se han disipado todas mis dudas acerca de por qué me insistieron en que preparara a Barney para la anestesia. Lo querían meter directamente a quirófano para operarle de entropión. La idea no me ha gustado nada. Está claro que no soy veterinaria ni cirujana pero me he informado mucho sobre esta raza y todos los especialistas parecen coincidir en que no es recomendable realizar esta intervención hasta que el perro cumple un año y su cráneo está completamente desarrollado.

Le he dado mi opinión a la doctora argumentando que sabía de varios Shar Peis a los que les habían tenido que operar varias veces por haber realizado la cirugía demasiado temprano y que incluso conocía algunos casos en los que una intervención precoz había ocasionado daños en el lagrimal. La veterinaria me ha rebatido diciéndome que no creía que Barney fuera a crecer mucho más. No me ha convencido pues espero que mi cachorro todavía engorde al menos cinco kilos y he insistido en que no me parecía adecuado operarlo sin antes probar a subsanar el problema mediante otro método. De hecho, una chica me comentó en el blog que los puntos habían corregido el entropión de su Shar Pei y que gracias a ello no hizo falta ni siquiera operarlo. La doctora ha intentado hacerme cambiar de opinión diciéndome que era muy probable que mi cachorro se arrancara las grapas accidentalmente. Yo, que soy tan cabezona como Barney he insistido en que prefería tener que ponérselas varias veces que operarlo antes de tiempo. Viendo que tenía las ideas tan claras, la veterinaria finalmente ha cedido a ponérselas para que me quedara más tranquila.

Le ha puesto un par en cada ojo. Mi pequeño se ha portado genial facilitándole mucho el trabajo. Ha sido rapidísimo y no se ha necesitado ni siquiera anestesia local. Si la cosa marcha bien y no se las quita rascándose o jugando debería llevarlas puestas un par de semanas, así que de momento no se librará del collar isabelino.  Barney se agobia mucho con él. No sabe andar cuando lo lleva puesto y llora para que se lo quite, así que sí puedo estar pendiente de él no se lo pongo. Sólo se lo coloco cuando no puedo vigilarlo o si hace amago de rascarse. Tras coronarlo siempre le doy un sabroso premio para que le vea algo positivo a lo de llevar escafandra.

El viernes tenemos que ir a revisión así que como mínimo hasta entonces tendremos que seguir con el tratamiento. Ojalá entre las grapas y las gotas evolucione favorablemente y se cure esa úlcera que tanto me trae de cabeza. Si más adelante Barney necesita un lifting lo tendrá pero de momento está de lo más cool con sus nuevos piercings.





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Colección de complemetos Primavera-Verano 2011
En la entrada anterior adelantaba que hoy daría varios remedios caseros a base de plantas para aliviar distintas dolencias. Pues bien, cambio de planes. Hoy me ha surgido un problemilla con mi cachorro del que considero interesante hablar así que aplazo ese post para otra ocasión.

El caso es que, desde anteayer, Barney no abre el ojo izquierdo. El pobre parece un pirata y va dándose trompazos por todos lados. Intenté ayudarle a abrirlo a base de mucha lubricación y baños de manzanilla pero no sirvió de nada así que esta mañana lo he llevado de nuevo al veterinario.

Lo primero que han hecho es echarle un líquido que, en contacto con una úlcera, se tiñe de fluorescente. Me han advertido de que iría expulsando esta sustancia a través de la boca y la nariz.  ¡¡Qué pena me ha dado cuando he observado ese punto resplandeciente!! El entropión ha dejado paso a una úlcera en medio de su córnea que debe dolerle muchísimo. Para colmo, Barney cada día tiene las pestañas más largas y gruesas por lo que supongo que la fricción debe ser cada vez más agresiva. Si alguna vez te ves en una situación parecida ni se te ocurra recortarle las pestañas a tu Shar Pei pues estas perderían su curvatura y con un acabado recto el roce resultaría todavía mucho más violento.

Teniendo claro el diagnóstico, la veterinaria le ha inyectado un antibiótico para prevenir infecciones y ha pasado a recetarme la medicación necesaria para que Barney mejore. Son tantos los mejunjes y tantas las precauciones a seguir que he tenido que hacerme un cuadrante y colgarlo en la nevera. Vitamina A, antibióticos, colirios… A parte de esto, hay que procurar protegerlo de luces fuertes.  La verdad es que en la clínica se han portado muy bien. A Barney le han cebado a premios y a mi me han cobrado la consulta como una revisión. Dicen que si seguimos con este ritmo van a tener que hacerme un pase VIP. Y pensar que yo hace más de cuatro años que no voy al médico… ¡Lo que hace la maternidad!

Como colofón, le han puesto a mi cachorro un collar isabelino para que no se rasque los ojos. ¡Angelito, parece una parabólica! No sé si acercarlo a la ventana a ver si por lo menos cojo la señal de Canal Plus. El pobre no sabe andar con él. Se queda quieto un rato, echa un par de pasos hacia atrás intenta caminar hacia delante y… ¡Catapum! Deberá ir acostumbrarse porque el lunes tenemos revisión y ya me ha adelantado la veterinaria que probablemente aprovechen para ponerle ya los puntos. De momento, por lo menos, lleva estupendamente lo de dormir con él.





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El otro día me llevé un disgusto terrible. Mientras preparaba una fideua, Barney me acompañaba como siempre en la cocina. Cuando me dispuse a echar el caldo, que estaba hirviendo, al sofrito perdí la fuerza en un brazo. El puchero se zarandeó cayendo parte de su contenido sobre el hocico de mi cachorro. Desde que tengo a Barney esta ha sido, con diferencia, la peor experiencia que he vivido junto a él.


Me sentí súper culpable y reaccioné de la peor manera que uno puede hacerlo en estos casos: Perdiendo la calma. Ante una situación como esta conviene actuar con rapidez y lamentarse es una pérdida de tiempo.

Pasado el periodo de histeria inicial, tomé aire y me dije “Los accidentes ocurren. ¿Qué puedo hacer ahora para aliviarlo?”. A partir de ese momento todo fue mucho mejor. Lo primero que hice fue empapar su hocico con agua bien fresquita. Después, partí una hoja de Aloe Vera y unté su savia sobre las quemaduras. Esta cura casera resultó la mar de efectiva. La herida ni se ha infectado, ni han salido bambollas, ni nada de nada. De hecho, cuando al día siguiente fui al veterinario, me dijo que había actuado muy bien por lo que te recomiendo hacer lo mismo si alguna vez te ves en una tesitura parecida.

Hay muchas plantas cuyas propiedades nos pueden ayudar a tratar distintas dolencias en nuestros Shar Peis. Estos tratamientos naturales resultan muy útiles, económicos y además no tienen efectos secundarios. Considero que es interesante conocerlos porque en un momento de urgencia nos pueden sacar de un apuro. En la próxima entrada te hablaré de otras plantas con propiedades curativas. Seguro que le sacas gran partido a tu próxima visita a la floristería. De momento apunta el Aloe Vera a la lista de la compra.





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A mucha gente le llama la atención el manto de mi Shar Pei y es que su tonalidad no es muy común.  Hasta hace poco tiempo ni yo misma tenía muy claro cuál era el color del pelo de Barney así que lo consulté con una criadora.  La señora, me confirmó que mi cachorro es de color sable, como los pastores alemanes.  Si cuando llegue a adulto mantiene sus dos colores diluidos pero sin mezclarse, lo podría llevar a exposiciones caninas pero si por lo contrario durante el crecimiento su manto negro se fusiona con el rojizo, quedaría fuera del estándar de la raza.  Pase lo que pase, yo estaré feliz y contenta pues no tengo intención de presentarlo a concursos aunque reconozco que no entiendo la razón por la que un Pei bicolor queda fuera del estándar.


En primer lugar hay que decir que esta particularidad se debe a la existencia de un gen en el ADN del cachorro llamado fawn y en ningún caso al cruce de un Shar Pei con otra raza distinta. De hecho, cumplen con todos los demás estándares incluyendo su peculiar lengua azul y pueden  ser hijos de padres con exquisito pedigree.  Es muy extraño que nazcan cachorros con este tipo de manto pues este gen no se transmite a los hijos sino que tarda en reaparecer aproximadamente 5 generaciones.  Además, al no tratarse de un gen dominante, para  que un cachorro presente esta particularidad deben existir antecedentes genéticos tanto por la parte materna como por la paterna.


Desde mi humilde opinión, es una pena que un Shar Pei no sea considerado como tal por tener este tipo de pelaje.  Pese a que diferentes estudios avalan que esta variedad de Shar Pei es menos propensa a sufrir infecciones, hongos, cáncer y otras enfermedades, los criadores mediante la cría selectiva no sólo buscan cachorros sanos sino también aptos para la competición.  Que este tipo de color no esté incluido dentro de los estándares de la raza provoca la retirada de la reproducción de aquellos ejemplares que resultan portadores del gen por lo que esta variedad está condenada a desaparecer.


Además me resulta bastante incoherente que un  Shar Pei lila (variedad relativamente reciente y resultado del cruce con el mastín napolitano) cumpla con los estándares de la raza y que uno leonado (existente desde que se inició en Estados Unidos la campaña de recuperación de la raza) sea descalificado.  A propósito de esto, hay que decir que en su día los Shar Peis lilas tampoco eran reconocidos como “puros” pero afortunadamente se modificó el estándar.  Quién sabe si algún día ocurrirá lo mismo con los leonados, al fin y al cabo algunas sociedades caninas de otros países sí que admiten este color como propio de la raza. 






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Casi sin darnos cuenta, ya se han cumplido tres meses desde que Barney llegó a casa. Tres meses en los que mi cachorro se ha tenido que afanar en adaptarse a un ambiente totalmente distinto al que había conocido hasta el momento y en aprender un montón de cosas nuevas. En esta entrada voy a dejar las notas de Barney en este primer trimestre del curso 2010-2011.  Espero que esto le sirva a otros propietarios de Shar Peis más jóvenes que el mío a hacerse una idea sobre los cambios que experimentarán sus cachorros durante los próximos meses. A los dueños de ejemplares más mayores que Barney, tal vez les traiga buenos recuerdos.
Protocolo: Esta es la asignatura que Barney ha superado con mayor éxito. Poco tienen que ver los modales del asalvajado perro que hace tres meses llegó a mi casa con los del refinado cachorrito que ahora duerme plácidamente mientras que yo escribo este post. Es impresionante como ha dejado de abalanzarse sobre el comedero a la hora de la cena. Ahora espera sentado y paciente a que le de la orden antes de empezar a comer. He grabado un video para que observes la evolución desde que publiqué, hace apenas tres semanas, la entrada ¡¡¡¡A comer!!!! Aprendiendo buenos modales.

 

Además, Barney ya sabe perfectamente que a la hora de salir a la calle, antes de cruzar la puerta debe esperar a que yo y mi marido lo hagamos primero. Lo mismo ocurre cuando volvemos a casa. Es muy gracioso ver como espera sentado con cara de resignación mientras que nosotros nos limpiamos los zapatos en el felpudo con la mayor de las parsimonias. En cuanto cruzamos el umbral de la puerta sale pitando hacia el bebedero. Por todos estos logros, calificó a mi cachorro con un 10 en esta materia.


Paseo: Esta calificación se va a ver un poco afectada ya que el reposo que nos ha prescrito el veterinario está desesperando a Barney a la hora del paseo. Estos últimos días, cuando salimos a la calle tira de la correa como un Pura Sangre hacia el parque por lo que no voy a poder evaluarlo todo lo positivamente que me gustaría. No obstante, la evaluación es continua y no podemos olvidar todos los progresos que ha hecho en esta materia. Pensando en aquel primer día en el que saqué a Barney de paseo me resulta imposible no echarme a reír. Recuerdo como se resistía a subir al ascensor y a pasar según por dónde. Me enternece recordar como se encogía cuando pasaba un autobús por nuestro lado y como se escondía bajo mis piernas cuando paseábamos por calles ruidosas. Cuando se acostumbró a los ruidos pasamos a otra etapa en la que sacarlo a pasear se convirtió en un auténtico suplicio. Tiraba con todas sus fuerzas de la correa hasta que lo soltaba en el parque. Una vez ahí, no obedecía a mi llamada y cuando llegaba la hora de volver a casa se tumbaba en el suelo, como imantado, dejando muy claro su desacuerdo. Pero poco a poco, a base de paciencia, tirones y premios, aprendió a comportarse durante el paseo hasta hacer de este momento una auténtica delicia. Barney ya no tira de la correa sino que trota alegremente a mi lado sin prisa pero sin pausa. En el parque se porta muy bien. Cuando lo llamo siempre acude aunque ello suponga abandonar un trepidante juego. Puedo pasear con él sin correa sin que se separe más de un par de metros de mi lado y si se despista basta con llamarlo para que vuelva moviendo el rabo. A la hora de volver a casa ya no se resiste… casi. Por todos estos avances calificaremos a Barney con un 8 en esta asignatura.

Religión: Pese a que nunca le hemos dado nada de nuestra comida, él no pierde la esperanza y siempre me acompaña cuando cocino esperando que se me ablande el alma. El otro día dejé un puchero en el fuego y me volví al salón. Me extrañó que no me siguiera y volví sigilosa para ver qué hacía. Casi me troncho al verlo inmóvil, sentando en el suelo y mirando hacia el puchero confiando en que le cayese algo. Por esta fe ciega, un 9 en esta materia.

Gimnasia: En esta asignatura Barney también ha hecho grandes avances. Al principio era un poco torpe, bueno, muy torpe. Cuando los perros corrían en el parque él siempre llegaba el último. Alguna vez incluso se ha chocado contra algún árbol y contra alguna columna. Su torpeza también era evidente a la hora de perseguir la pelota, nunca la veía. Ahora está mucho más ágil y espabilado. Corre más rápido y se defiende muy bien cuando juega con otros perros. Reconozco que sigue siendo un poco patoso, pero ha mejorado mucho así que veo justo ponerle un 7 en esta asignatura.

Como ves, las calificaciones de mi cachorro en este primer trimestre han sido muy positivas, pero tengo que decir que hay una materia en la que ha destacado por encima de todas las demás: La siesta. Matricula de Honor para mi cachorro en esta asignatura porque ser capaz de dormir 18 horas al día no lo hace cualquiera.






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El viernes llevamos a Barney al veterinario para que controlaran cómo iba su patita después de los tres días de tratamiento. Estaba convencida de que le darían el alta pues ya no cojea en absoluto. Sin embargo, cuando le exploraron volvió a quejarse por lo que tenemos que continuar con la medicación y el reposo hasta el martes. En cuanto a la queratitis, me dieron unas gotas para que le limpie con ellas los ojos. Se trata de una composición más espesa que el suero que mantiene el ojo lubricado durante más tiempo. De momento nada de puntos aunque es más que probable que cuando haya crecido del todo no se libre de la operación de entropión.


De vuelta a casa comencé a pensar en todas las veces que había acudido a esa consulta desde que Barney se unió a nuestra familia hace ya casi tres meses: Amigdalitis, resfriados, vacunas, cojeras, revisiones… Y en las futuras visitas que previsiblemente tendría que volver a hacer en los próximos meses. Tal vez sea un poco hipocondríaca. Probablemente la mayoría de las dolencias de mi cachorro hubieran desaparecido con el mero paso del tiempo pero no podría perdonarme que le ocurriera algo por no acudir a tiempo al veterinario así que mucho me temo que mis visitas a la clínica seguirán aumentando en la misma proporción en la que disminuye el saldo de mi cuenta corriente.
Con todo esto en la cabeza pensé en que tal vez sería una buena idea contratar un seguro de asistencia veterinaria que me ayudara a paliar el desembolso que supone este tipo de gastos. Empecé a asesorarme sobre estos servicios y quedé
saturada ante la amplísima oferta existente. Infinidad de modalidades, de coberturas, de exclusiones, de tarifas, de cláusulas…. Lo primero que me llamó la atención es que la mayoría de las aseguradoras no ofrecen seguros para mascotas que únicamente cubran gastos sanitarios sino que comercializan paquetes en los que se incluye la responsabilidad civil, los gastos ocasionados por fallecimiento del perro, etc.  La mayoría de estos servicios me resultan totalmente prescindibles pues mi seguro de hogar ya los cubre. Además las coberturas sanitarias ofertadas son muy escasas. Se limitan a la asistencia en caso de enfermedades muy graves y accidentes, quedando excluidos todos los gastos rutinarios como revisiones, vacunas, desparasitaciones, prueba de diagnóstico precoz de leishmaniosis, etc

Existe otro producto comercializado directamente por las propias clínicas veterinarias llamado “iguala” que si cubre todos estos gastos y que además ofrece importantes descuentos en cirugías, pruebas clínicas, medicación y cualquier otro tratamiento que el perro necesite. Aunque todavía tengo que estudiar diferentes ofertas, creo que en general este servicio se adapta mejor a mis necesidades y que terminaré decantándome por él.

Si como yo estás pensando en contratar un seguro de salud para tu Shar Pei, te aconsejo que no te dejes embaucar por las ofertas de empresas que anuncian cientos de coberturas inútiles y que te centres en encontrar un producto que te ayude a afrontar los gastos provocados por las enfermedades a las que esta raza es más propensa, como infecciones, alergias y problemas oculares. Puede que nuestro Pei sea atacado por un Lince Ibérico cuando lo paseemos por el monte pero no es lo más probable así que más vale ser práctico.






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Un par de días tomando el antiinflamatorio han sido más que suficientes para que la cojera de Barney desaparezca. No obstante, seguimos con el tratamiento y manteniendo el reposo que la veterinaria nos recomendó guardar durante 72 horas. Mi cachorro está ya que se sube por las paredes. Echa de menos su parque. Todos los días damos largos paseos pero no son tan divertidos como revolcarse por la hierba con sus congéneres. Ante estas circunstancias, no le queda otra que exprimir los juguetes que tiene en casa, mostrando claramente, cuáles son sus preferidos.

A parte del peluche de la foto, que es sin  lugar a dudas su debilidad, con lo que más se divierte es con las pelotas.  Las empuja con la cabeza y sale corriendo a por ellas. Les da un par de zarpazos, más felinos que caninos y vuelta a empezar. Como es un poco torpe, hay veces que se las ve y se las desea hasta encontrarlas. Me parece un ejercicio muy adecuado para estimular su agilidad y su espíritu rastreador aunque hay que ser cauteloso a la hora de escogerlas procurando que sean lo suficientemente grandes como para que nuestro Shar Pei no se las trague accidentalmente.

 

También le gusta mucho mordisquear huesos de cuero. No sé qué sabor tendrán pero a él le encantan. Disfruta masticándolos cuando se reblandecen y siempre anda con un trozo en la boca. Es muy gracioso verlo porque parece que esté mascando chicle. Además de divertido, este juguete es muy recomendable por otros motivos. Como ya te contaba en un post anterior, Barney está ahora en pleno cambio de dentición y jugar con estos huesos le ayuda a aflojar los dientes y calma el dolor de sus encías. A parte de esto, la composición incluye flúor por lo que son un complemento perfecto para mantener una higiene bucal adecuada.

Otro de los juguetes favoritos de Barney son los elaborados con cuerdas. Le gusta estirar de ellas por un extremo mientras nosotros las sostenemos del otro. He escuchado que este ejercicio no es muy aconsejaable porque potencia la agresividad pero, francamente, no creo que sea el caso de mi cachorro ya que de vez en cuando cesa de estirar para lamerme la mano.

Barney tiene también juguetes educativos tipo Kong. Para quiénes no los conozcais estos juguetes se diferencian de otros porque dentro de ellos se guardan golosinas para el perro. Son recomendadísimos por criadores y veterinarios pues que se supone que despiertan el ingenio y estimulan la inteligencia del perro. Bueno, pues tengo que decir que Barney pasa olímpicamente de ellos. ¡Qué le vamos a hacer! Al fin y al cabo cuando yo era pequeña también prefería jugar a peleas con mis primos que hacer construcciones con bloques de plástico.

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Igual que en el cuento de Hansel y Gretel, desde hace unos días Barney va dejando su rastro ahí por dónde pasa. La única diferencia entre los protagonistas de aquella historia y mi cachorro es que éste, en lugar de marcar sus pasos a base de migas de pan lo hace con unos pelos cortos y finos que tienen la capacidad de pegarse como lapas a cualquier superficie. Efectivamente, Barney está mudando, un proceso tan necesario como engorroso.
 

Del mismo modo en el que con el cambio de tiempo nosotros guardamos la ropa de una temporada y sacamos la de la siguiente, los Shar Peis también cambian su manto de cara a las estaciones intermedias. Si nuestro perro está bien alimentado, su nuevo pelaje crecerá sano y brillante, no obstante podemos ayudarlo un poco más mezclando unos copos de avena en su pienso. Pero lo más importante durante esta temporada es que lo cepillemos todos los días para arrastrar el pelo muerto. Debemos evitar los cepillos duros de púas afiladas ya que los Shar Peis no cuentan con subpelo y podríamos arañar fácilmente su piel. Yo utilizo una manopla de látex. Arrastra mucho pelo con un cepillado muy suave. A Barney le encanta y podría pasarse las horas muertas mientras lo cepillo.

A propósito de la carencia de subpelo, estaría bien recalcar que es fácil que durante esta época observemos en nuestro Shar Pei alguna calva que otra. Esto no debería suponer ningún problema siempre y cuando la piel no presente irritación y poco a poco vaya recuperando el pelo en estas zonas. En caso contrario es recomendable visitar al veterinario.

Es interesante que los baños de nuestro Shar Pei coincidan con el final de la época de muda para eliminar todo el pelo muerto que no hayamos podido arrastrar con los cepillados.

A parte de esto, lo único que te puedo aconsejar es paciencia. Yo estos días estoy pasando el aspirador cada dos por tres y aún así no consigo eliminar todo el pelo que Barney va dejando por ahí. Se queda pegado a todos los lados y es imposible eliminarlo si no se le quita antes la electricidad estática humedeciéndolo un poco con una bayeta. También se puede guardar todo el pelo que recojamos y utilizarlo para rellenar un par de almohadones aunque yo, personalmente, prefiero los de plumones de oca.

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Barney y yo acabamos de volver del veterinario. El viene encantado, yo un poco mosqueada porque pagar más 30€ por menos de 15 minutos de visita me parece un tanto abusivo. Probablemente dedique otro post a hablar largo y tendido sobre este asunto pero de momento me centraré en contarte el motivo por el que hemos ido hoy a la consulta.

Desde hace unos días venía observando una leve cojera en la pata delantera derecha de mi cachorro. Supuse que debía haberse clavado algo en el pie (cosas de andar descalzo) así que lo examiné con mucha atención. Observé minuciosamente todas sus almohadillas y busqué entre sus deditos algo que lo pudiera molestar pero no encontré nada. Doblé con mucho cuidado su tobillo y su rodilla esperando un gemido pero Barney ni se inmutaba así que pensé que no debía ser gran cosa y dejé pasar un par de días para ver

cómo evolucionaba. Confiaba en que con el tiempo cesara su cojera pero para mi desasosiego, con el paso de los días ésta se ha ido acentuando cada vez más así que me he decidido a acudir al veterinario.

En la consulta se han cerciorado de que, efectivamente, no tuviera nada clavado en ninguna de sus almohadillas y han flexionado sus articulaciones. Además de doblarle el tobillo y la rodilla, cómo hice yo hace un par de días, también han flexionado su hombro y ahí ha resultado estar el quiz de la cuestión. El pobre, es más bueno que el pan y no ha llorado, ni ha gruñido pero mientras lo sujetaba he podido sentir como se estremecía de dolor cada vez que la doctora le tocaba justo en ese punto.

La veterinaria me ha dicho que probablemente tuviera la articulación inflamada a causa de un golpe, un mal movimiento o una caída. Con lo bruto que es jugando no me extraña nada que se haya hecho daño. Deberá tomar unos antiinflamatorios y guardar reposo durante tres días. De aquí al viernes nada de parque ni de correr detrás de la pelota. ¡Qué lastimica! ¡Para dos hobbys que tiene! Esperemos que con esto se mejore y que dentro de unos días esté trotando de nuevo.

Ya que estaba en la consulta y que me iban a cobrar lo mismo le he pedido a la doctora que le mirase los ojitos a Barney. Tras echarle un vistazo me ha dicho que observaba en un punto muy específico un poquito de queratitis. La queratitis es una inflamación de la córnea que suele presentarse en los Shar Peis a causa del dichoso entropión. El roce constante de las pestañas en el ojo acaba irritando la zona pudiendo llegar a ocasionar úlceras si no es detectado y tratado a tiempo. La veterinaria me ha recomendado que siga limpiando e hidratando sus ojos como hasta ahora pero mucho me temo que cuando vuelva el viernes a revisión me recomienden ponerle unos puntos. Seguiremos informando…