Almudena Díaz, Autor en Mi Shar Pei - Página 2 de 6

Almudena Díaz

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Hace unas semanas, mi madre me animó a reportar este blog a la web facilisimo.com, ya que celebraban un concurso de blogs de mascotas.  Así lo hice y para mi sorpresa resulté ganadora.   Ayer recibimos con gran alegría el premio en nuestra casa.  Consta de un saco de pienso y unas bolsitas de snacks.  Como os podéis imaginar, estoy muy orgullosa de que Barney ya se gane el pienso con sus propios méritos. 
He pensado en sortear un par de bolsitas de estos snacks entre aquellos que seguís este blog ya que con vuestros comentarios me habéis animado a seguir publicando entradas y he aprendido muchas cosas nuevas sobre esta raza.   Los snacks ayudan a mantener la salud dental y como podéis ver en la foto, a Barney le han encantado.
Si os apetece participar sólo teneis que haceros amigos de Mi Shar Pei en Facebook y publicar en el muro una anécdota que hayais vivido junto a vuestro perro.  No hace falta que sean muy largas, ni que estén perfectamente redactadas.  La idea es que compartais con nosotros algún momento que hayais disfrutado con vuestros peludos y que recordeis especialmente.
 

Dentro de un mes, un selecto jurado (mi marido) decidirá cuál le gusta más y le haremos llegar el regalito.  El premio es más simbólico que otra cosa pero me hace mucha ilusión tener un detalle con vosotros así que espero que os animéis a participar.
 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Esperamos impacientes vuestras anécdotas!!!!!!!!!

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Parece mentira que crezcan tan rápido

Antes de decidirse a comprar un Shar Pei es frecuente que uno se interese por las particularidades de la raza. Recuerdo que antes de que Barney pasase a formar parte de mi familia yo misma devoré tropecientos libros y otras tantas webs en busca información y experiencias de otros propietarios. Me resulta muy curioso que ahora otros futuros dueños y papás primerizos, acudan a este blog buscando respuestas a sus preguntas. Me hace mucha gracia cuando recibo un correo o me hacen un comentario en el blog o en Facebook pidiéndome consejo pues como digo en la cabecera del blog, nunca antes había tenido un perro y lo poco que puedo aportar es aquello que he ido aprendiendo hasta la fecha junto a Barney.

Aún así, recibo consultas frecuentemente sobre cómo inculcarle a los cachorros unas pautas básicas de buena conducta. Aunque no soy ninguna experta, siempre intento responder, desde mi escasa experiencia, lo mejor que sé. La gente suele ser muy amable y me agradece la ayuda enviándome fotografías de sus cachorros y manteniéndome informada sobre sus progresos por lo que me resulta de lo más gratificante. No obstante, viendo que las dudas casi siempre son las mismas, me he decidido a publicar un post explicando lo que, desde mi humilde opinión, todo cachorrito de Shar Pei debería empezar a aprender nada más llegar a casa si queremos convivir en un futuro con un perro bien educado… 

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Recuerdo que cuándo estaba en plena edad del pavo mi madre solía decirme “Cuando eras pequeñita me daban ganas de comerte y ahora me arrepiento de no haberlo hecho” La verdad es que le di unos cuantos quebraderos de cabeza a la pobre mujer durante aquellos años locos. Ahora que convivo con un Shar Pei en plena explosión hormonal, entiendo mucho mejor el significado de aquellas palabras.

En la vida de cualquiera, la adolescencia es siempre una época tan intensa como complicada. Descubres en tu cuerpo cambios casi a diario. Empiezas a cuestionarte todo lo que habías dado por hecho mientras eras un niño. Pruebas a desafiar la autoridad de tus padres y a saltarte los límites establecidos. En definitiva, te pones tonto pero por suerte, en la mayoría de los casos se te pasa con los años.
Viviendo con Barney me he sorprendido al descubrir que, en esencia, la adolescencia de los perros no dista tanto de la de los humanos. Ellos también experimentan cambios físicos. Los testículos engordan y se oscurecen, la tripa se les cubre con mucho más pelo y aparece el detestable acné juvenil. Como nosotros, también imitan el comportamiento de “los mayores”.  Aprenden a orinar levantando la patita y empiezan a ignorar a los perros pequeños a la hora de jugar. Descubren su sexualidad y por supuesto desafían a sus  dueños como cualquier quinceañero haría con sus padres.

Me quedo perpleja al ver como mi adorable cachorro se convierte en un jovencito insolente.   Hay veces que me cuesta un mundo que acuda a mi llamada cuando está jugando en el parque y no es porque no me oiga. No, no, nada de eso. Es porque no le interesa en absoluto volver a casa y opta por no hacerme el más mínimo caso.  Aunque la mayor parte del tiempo es muy tranquilo y obediente en ocasiones hace cosas, como pedir comida o estirar de la correa, que no repetía desde hacía meses.

Parece que hayamos vuelto al principio y que tuviera que aprenderlo todo de nuevo. Vuelven los “no” y los toquecitos en el morro. No quiero pasarle ni una pues la adolescencia es tan importante o más que la propia infancia en la vida de un perro. Lo que Barney aprenda durante los próximos meses determinará en gran medida su comportamiento durante el resto de su vida y no me gustaría que se acostumbrase a salirse con la suya. Creo que en momentos como este es más importante que nunca mantenerse firme y no perder la calma. Si hay que repetir las cosas cien veces para que haga caso, se repiten cien veces.  Lo importante es no retirarse hasta que haya obedecido.  Mi Shar Pei es muy testarudo pero tengo comprobado que puedo llegar a serlo más que él.

Me he comprado un libro con trucos nuevos. Los que le había enseñado ya los tenía muy dominados. Ahora para ganarse las golosinas le toca esforzarse un poco más. La verdad es que le recomiendo a todo el mundo que practique este tipo de ejercicios. Son muy útiles para entrenar la obediencia del perro de una manera divertida para ambos. Es muy gratificante ver como Barney me mira atento mientras agita la cola a la espera de una nueva orden. En cuanto tengamos un poco más controlados los trucos nuevos subiremos un vídeo para compartir con vosotros sus progresos.

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La elegida


Hace un par de posts, como si de una premonición se tratase, escribí  “El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo”  Pues bien, ese día ha llegado. 

Desde hace un par de semanas venía observando que a mi Shar Pei ya no le valía cualquier sitio para hacer pipí.  Buscaba los árboles, postes y esquinas en los que habían orinado antes otros perros.  Viendo esto, me imaginaba que no tardaría mucho en llegar el día en el que se animara a hacer pis como un perro adulto pero aún así no pude evitar sorprenderme y que carajo, hasta emocionarme, cuando lo vi realizar tan inédita maniobra.
Hay que decir que Barney es un perro con clase y no le sirvió para estrenarse en estos menesteres cualquier arbolucho del tres al cuarto sino que eligió una estupenda columna renacentista. Se acercó hacia ella con decisión, la olió un poco y… ¡Ale!  Se alejó un par de metros, volvió a acercarse, la olfateó de nuevo y repitió la jugada por si no me había quedado claro. 


La verdad es que no sé si llegó a hacer pipí o si sólo estaba haciendo prácticas,  estaba demasiado lejos como para verlo y en todos los paseos que hemos dado posteriormente a este ha orinado como siempre.  Fuera como fuere, lo que sí que está claro es que, a una semana de los ocho meses, Barney ha empezado a hacer sus pinitos. 
Aquella misma tarde, cuando creía que ya lo había visto todo, Barney volvió a demostrarme de nuevo que ya no es un cachorrito.  Me quedé perpleja al verlo montado sobre una Cocker Spaniel, dejando más que claro  que no padece fimosis.  Lo aparté enseguida y le reñí.  No sé si haría mal o bien, pero no supe reaccionar de otro modo.  No me gustaría que Barney se aficionara a esos juegos y que fuera dejando preñadas a todas las hembras del barrio.  En cuanto empezaran a nacer cachorros arrugados se iba a hacer cola en la puerta de mi casa reclamando manutenciones y no está el horno para bollos.

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Petra y Barney separados por una línea imaginaria
Tal y como habíamos planeado, este domingo mi marido, Barney y yo subimos al coche rumbo al campo. Petra, de quien os hablaba en el post anterior, nos esperaba en el monte junto al resto de mi familia. Trotta, la Bichón de mi tía, no nos pudo acompañar ya que estaba un poco malita.


Unas amigas que hicimos durante
nuestro paseo silvestre

En cuanto llegamos al campo, Barney echó a galopar como un potro desbocado. Estaba entusiasmado ante tanto espacio donde correr libremente, tantos olores nuevos y tantos palos. En cuanto deparó en la presencia de Petra, se apresuró a invitarla a jugar con él pero ésta resultó no estar muy por la labor. La Pastor Belga de mi madre, optó por mantener las distancias durante toda la jornada y no dudó en enseñarle los dientes a Barney cuando consideró que éste se acercaba demasiado a ella. Me dio un poco de pena que las cosas no fluyeran entre ellos pero ¿Qué le vamos a hacer? Cuando no hay feeling, no hay feeling…

Lo cierto es que cada vez hay más perros que le gruñen a mi pequeño. Cuando era más cachorro todos los canes del parque le aceptaban pero según ha ido creciendo, muchos de ellos han cambiado su actitud hacia él por un trato mucho más dominante. Cuando le gruñen, el pobre no se suele dar por aludido e insiste en compartir juegos por lo que en más de una ocasión mi cachorro ha vuelto a casa con un buen bocado en la cara.

Este cambio de actitud hacia mi Shar Pei me tenía bastante desconcertada. No comprendía por qué, casi de la noche a la mañana, Barney había dejado de ser el mejor Relaciones Públicas del parque. Mi cachorro es muy sumiso y jamás ha gruñido a ningún perro, ni siquiera para defenderse, por lo que me resultaba muy extraño que otros perros rivalizaran con él. Para salir de dudas, le comenté el caso a Antonio, un buen amigo especialista en etología canina.

 

Antonio me hizo entender enseguida que este cambio de actitud hacia Barney no era casual. Por lo visto, es muy frecuente que los Shar Peis se lleven algún que otro mordisco sin motivo aparente. Sin embargo, sí que hay una razón para ello y si por algo destaca, es precisamente por aparente. Mi amigo me explicó que el aspecto de esta raza confunde a otros perros. Su arrugada cara les resta expresividad y sus congéneres, incapaces de interpretar sus verdaderas intenciones, suelen percibir que están enfurecidos. Además, el rabo erguido es entendido por la mayoría de los perros como un signo de agresividad y dominancia. Por si esto fuera poco, el olor del Shar Pei también es muy distinto al del resto de razas caninas y tiende a confundir a otros canes. Teóricamente, todas estas particularidades del Shar Pei, forman parte de un mecanismo de defensa para disuadir al adversario, pero en la práctica puede incitar a perros más dominantes a atacar a nuestros pachones perritos.

De pequeñines, su extraña apariencia no suele provocarles problemas ya que la Naturaleza los protege desprendiendo oxitocina, una hormona que favorece la empatía y el cariño. A medida que van creciendo, los cachorros dejan de segregar esta sustancia y pasan a desprender testosterona dejando de gozar, a partir de los seis meses aproximadamente, de ese manto protector bajo el que los cobija la Naturaleza.

Cuando le conté todo esto a mi marido, bromeó diciéndome que no es que los Shar Peis sean independientes sino que, como les marginan por raritos, no les queda más remedio que jugar solos. No sé si tendrá razón pero desde que Antonio me explicó esta teoría, nadie me quita de la cabeza que los perros de mi barrio son demasiado superficiales.

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Poco antes de que me independizara, mi madre compró una preciosa hembra de Pastor Belga. Era una cachorra estupenda, muy cariñosa, juguetona y obediente. Petra fue el primer perro que entró en mi casa y debido a la falta de experiencia, cometimos varios errores a la hora de educarla. Fuimos demasiado permisivos con ella cuando era pequeña y esto derivó en ciertos comportamientos poco deseables. Cuando entramos o salimos de casa se pone a ladrar y a brincar como una loca, estira durante el paseo y siempre anda mendigando comida. Al margen de estos detalles, es una perra formidable. Siempre ha tenido un carácter muy dulce y sereno. Aguanta estoicamente que mi hermano de cuatro años se suba en su lomo, le pegue golpes y le haga mil y una perrerías. Es extremadamente mimosa y no sólo con las personas, de quiénes siempre anda buscando caricias. Por extraño que parezca, he visto a Petra besar en el pico a un enorme guacamayo y acicalar a lametazos a una coneja.


El día que llevé a Barney por primera vez a casa de mi madre estaba entusiasmada. Tenía muchas ganas de que mi cachorro y la buenaza de Petra se conocieran. Estaba segura de que iban a hacer muy buenas migas ya que ambos son muy sociables y amantes del juego. A Barney le encantó la preciosa pastorcita. Nada más verla quiso jugar con ella. Sin embargo a Petra no le gustó en absoluto mi arrugado Shar Pei. Huía de él como alma que lleva el diablo e incluso llegó a enseñarle los dientes. Aquello me desconcertó muchísimo pues en siete años no había visto a Petra comportarse así con ningún otro perro. No se le veía agresiva sino más bien aterrorizada.

Mi marido y yo les llevamos a los dos de paseo intentando un acercamiento. No fue del todo mal. Se respetaron durante todo el trayecto e incluso hubo un besito entre ellos. Pensábamos que después de aquel ejercicio podrían compartir en armonía la misma habitación pero en cuanto regresamos a casa, Petra subió veloz las escaleras huyendo de Barney. Hemos llevado a nuestro Cabeza Buque a casa de mi madre en un par de ocasiones más pero no hemos conseguido que Petra confíe en él.

Mañana vamos de comida familiar al campo. Por supuesto, nos acompañarán Barney, Petra y Trotta, la Bichón Maltés de mi tía que es un auténtico polvorín. Espero que el ambiente campestre sirva para limar asperezas entre ellos y que todos disfrutemos de una agradable jornada. Ya os contaré como se nos da el día y subiré fotos de tan distinguido evento.

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La revisión de hoy ha ido de maravilla. El contraste apenas ha pigmentado, lo que significa que los ojos de mi Shar Pei ya están curados casi por completo. Temía que el diagnóstico no fuera tan alentador ya que hace un par de días Barney perdió una de sus grapas haciendo el bruto en el parque pero lo cierto es que la veterinaria le ha visto tan buen aspecto que no ha considerado necesario ni siquiera volvérsela a poner. Además le han reducido mucho la dosis de medicación. De las diez gotas por ojo y día con las que comenzamos el tratamiento hemos bajado a sólo cuatro. La recuperación está siendo mucho más rápida de lo que había imaginado y la verdad es que no podría estar más contenta.

 

Es un placer ver que poco a poco Barney se va estabilizando y no me refiero sólo en cuanto a temas de salud sino a todo en general. Mi Shar Pei cada día es menos cachorro y más perro. Ya sólo le pongo de comer una vez al día, pues ha aprendido a racionarse el pienso como un perro adulto. Ya no anda detrás de mi durante todo el día sino que se muestra mucho más independiente y sosegado. Nuestra vida juntos es cada vez más tranquila. Él ya conoce nuestras costumbres y nuestras normas y se ha adaptado a ellas a la perfección. Mi marido y yo ya no vivimos en una pugna constante para intentar adoctrinar a Barney sino que convivimos con un hermoso Shar Pei bien educado que, con su cariño y lealtad, hace que nuestros días sean más completos.

Esta situación me colma de bienestar pero a la vez me deja muy poca temática sobre la que escribir por lo que he pensado dilatar más en el tiempo las publicaciones. A partir de ahora escribiré únicamente cuando ocurra algo extraordinario. El día que Barney me sorprenda queriendo montarse a una perrita o levantando la pata para orinar seréis los primeros en saberlo. Cada día en el que no publique nada será un día normal en el que Barney se habrá pasado media jornada jugando en el parque y la otra media durmiendo.

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos vuestra participación en este blog. La aventura de aprender a convivir con un cachorro ha sido todavía más emocionante gracias a todas y cada una de vuestras aportaciones. Gracias a los que nos habéis seguido desde el anonimato y sobre todo a aquellos que, generosamente, habéis compartido vuestras experiencias e impresiones con Barney y conmigo. Gracias por aportarnos nuevas ideas sobre las que escribir y presentarnos a vuestros peludos. ¡Quién me hubiera dicho a mi que mi perro llegaría a tener más amigos en Facebook que yo! Espero y deseo que hasta que Barney y yo vivamos una nueva aventura digna de ser contada, sigáis haciéndonos llegar cualquier comentario, aportación o sugerencia que consideréis oportuno pues las valoramos infinitamente.

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A veces pienso que si un estudiante de veterinaria dedicase su proyecto de fin de carrera a Barney, podría licenciarse con matrícula de honor. La última sorpresita que me ha dado mi cachorro ha sido estremecedora. 

Todo sucedió el lunes por la tarde. Cuando me dispuse a ponerle las gotas con las que estamos tratando sus ojos me di cuenta de que el moflete izquierdo de Barney estaba muy hinchado. Parecía que tuviera paperas. Le rocé con suavidad la mejilla y me asombré al descubrir que estaba dura como una piedra. Debía dolerle muchísimo porque ante la caricia huyó despavorido hacia el recibidor. Salí en su búsqueda para observar qué le ocurría. Tras arduas negociaciones, mi cachorro accedió a dejarme examinar su moflete a cambio de un trozo de jamón york.
Explorando su mejilla descubrí con estupor que sólo se trataba de un grano, pero no de un grano cualquiera sino del padre de todos los granos de la galaxia. Era impresionante. Ni en todos mis años de instituto había visto algo así. Lo normal hubiera sido dejar pasar el tiempo hasta que la espinilla se hubiese secado por si sola pero aquel grano era de todo menos normal. Había reventado por tres puntos diferentes y supuraba pus a borbotones. Si da repelús leerlo ni os imagináis la aprensión que sentí yo al verlo y sobre todo, al olerlo. Ante tal panorama, me hubiera encantado volatilizarme pero hay veces en las que una mujer tiene que hacer lo que tiene que hacer y en esta ocasión me tocó tragarme los escrúpulos en favor de mi cachorro.
Apreté ese enorme grano para que saliera toda la pus. Barney presentaba una resistencia impropia en él. Yo intentaba tranquilizarlo mientras procuraba vaciar el grano completamente. La pus no dejaba de emanar por más y más que presionaba. Era repugnante pero finalmente, cuando mi estómago ya estaba del revés, cesó de fluir aquel líquido pestilente. Barney suspiró y yo suspiré. Limpié la herida con agua oxigenada y gasas estériles hasta que ésta dejó de espumear y para terminar le puse un poco de yodo.
Concluída la operación confirmé dos cosas: Que su cara seguía igual de hinchada y que la sanidad no es mi vocación. Afortunadamente y pese al hinchazón, Barney ya no se quejaba cuando le tocaba la mejilla por lo que supuse que después de todo no había ido tan mal. Pasadas un par de horas la inflamación bajó casi por completo. Barney se pasó todo el resto de la tarde durmiendo a pierna suelta.  Después de una maniobra de tal calibre cualquiera hubiera terminado agotado.

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Este sábado Barney ha conocido el mar. La visita a la playa no ha podido ser más gratificante. ¡Le ha encantado! Ha sido una auténtica gozada verlo galopar sobre la arena. Me he reído mucho al observar cómo llegaba hasta la orilla con la intención, más que evidente, de meterse al agua hasta que una ola le ha hecho cambiar de idea. El salto que ha dado hacia atrás ha sido memorable.
¡Qué lastima que una jornada tan agradable resulte ser ilegal en mi ciudad! Por estrambótico que parezca, según las ordenanzas municipales, dar un plácido paseo por las playas valencianas en compañía de un perro, le puede llegar a costar a uno hasta 1500 euros. Me parece indecente.
Entiendo que se sancione al que no recoja las cacas de su mascota, entiendo que no pueden haber perros sueltos en zonas y a horas en las que hayan bañistas pero no puedo comprender qué daño le hago a nadie paseando con mi cachorro en abril a las siete de la tarde. Tampoco entiendo qué inconvenientes encuentra el gobierno de una provincia, con más de 135 kilómetros de costa, en reservar un espacio de sus playas a aquellos que queramos disfrutar del mar junto a nuestros peludos amigos. 

En provincias limítrofes, ya se han llevado a cabo iniciativas similares con estupendos resultados.  Sin embargo, el gobireno de Valencia, siempre al servicio del pueblo, ha considerado más necesario realizar una obra faraónica en el puerto para celebrar la American’s Cup que acotar una zona en la playa donde los ciudadanos podamos pasear a nuestros perros tranquilamente.  Supongo que el dinerito que se recauda a base de multas de este calibre debe resultar de gran ayuda a la hora de pagar puertos majestuosos y modernos circuítos urbanos de esos a los que los vecinos mileuristas solemos acudir con tanta asiduidad.

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Como estaba previsto, esta mañana Barney y yo hemos ido a revisión.  Tal y como hicieron el otro día, le han vuelto a teñir los ojos con fluoristeína para apreciar el estado de la lesión.  Por lo visto, entre las grapas y el tratamiento ha mejorado mucho.  La úlcera está cicatrizando y si todo marcha en bien en pocos días desaparecerá por completo.  De momento, debemos seguir con las gotitas durante una semana más y acudir de nuevo a la consulta el próximo miércoles.

Sobre el tema de la comida no le he comentado nada porque desde que ha vuelto a bajar al parque, su insaciable apetito y su buen humor han reaparecido como por arte de magia.  Me resulta increíble que toda aquella inapetencia se debiera más a un tema emocional  que físico pero parece evidente que lo único que le ocurría era que estaba tristón porque echaba de menos a sus peludos amigos.  Desde luego, si hay una característica de la raza que mi Shar Pei no cumple es su carácter independiente.  Barney es un perro súper sociable.  Le encanta jugar con sus congéneres.  Le da igual que sean machos o hembras, jóvenes o adultos, grandes o pequeños, todos le valen mientras que sean capaces de hacerle correr hasta terminar en este estado.

Estoy súper contenta de que todos los problemillas que le han ido surgiendo últimamente se estén solucionando.  Nunca antes había tenido un perro y jamás me hubiera podido imaginar lo que se puede llegar a padecer por ellos.  No dejo de sorprenderme con los sentimientos que hace aflorar en mi este arrugado sinvergüenza.
Pasteladas a parte, antes de terminar la entrada me gustaría contarte algo más que ha sucedido hoy en la consulta. Resulta que hace unos días había apreciado un granito blanco en el morro inferior de Barney y le he preguntado a la doctora por él.  Pues bien, me ha explicado que se trataba de una espinilla propia de la pubertad.  ¡Ay, Dios! ¡Mi tierno cachorrito tiene acné juvenil! Se está haciendo mayor por días…