Alien, el octavo pasajero

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A veces pienso que si un estudiante de veterinaria dedicase su proyecto de fin de carrera a Barney, podría licenciarse con matrícula de honor. La última sorpresita que me ha dado mi cachorro ha sido estremecedora. 

Todo sucedió el lunes por la tarde. Cuando me dispuse a ponerle las gotas con las que estamos tratando sus ojos me di cuenta de que el moflete izquierdo de Barney estaba muy hinchado. Parecía que tuviera paperas. Le rocé con suavidad la mejilla y me asombré al descubrir que estaba dura como una piedra. Debía dolerle muchísimo porque ante la caricia huyó despavorido hacia el recibidor. Salí en su búsqueda para observar qué le ocurría. Tras arduas negociaciones, mi cachorro accedió a dejarme examinar su moflete a cambio de un trozo de jamón york.
Explorando su mejilla descubrí con estupor que sólo se trataba de un grano, pero no de un grano cualquiera sino del padre de todos los granos de la galaxia. Era impresionante. Ni en todos mis años de instituto había visto algo así. Lo normal hubiera sido dejar pasar el tiempo hasta que la espinilla se hubiese secado por si sola pero aquel grano era de todo menos normal. Había reventado por tres puntos diferentes y supuraba pus a borbotones. Si da repelús leerlo ni os imagináis la aprensión que sentí yo al verlo y sobre todo, al olerlo. Ante tal panorama, me hubiera encantado volatilizarme pero hay veces en las que una mujer tiene que hacer lo que tiene que hacer y en esta ocasión me tocó tragarme los escrúpulos en favor de mi cachorro.
Apreté ese enorme grano para que saliera toda la pus. Barney presentaba una resistencia impropia en él. Yo intentaba tranquilizarlo mientras procuraba vaciar el grano completamente. La pus no dejaba de emanar por más y más que presionaba. Era repugnante pero finalmente, cuando mi estómago ya estaba del revés, cesó de fluir aquel líquido pestilente. Barney suspiró y yo suspiré. Limpié la herida con agua oxigenada y gasas estériles hasta que ésta dejó de espumear y para terminar le puse un poco de yodo.
Concluída la operación confirmé dos cosas: Que su cara seguía igual de hinchada y que la sanidad no es mi vocación. Afortunadamente y pese al hinchazón, Barney ya no se quejaba cuando le tocaba la mejilla por lo que supuse que después de todo no había ido tan mal. Pasadas un par de horas la inflamación bajó casi por completo. Barney se pasó todo el resto de la tarde durmiendo a pierna suelta.  Después de una maniobra de tal calibre cualquiera hubiera terminado agotado.

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4 COMMENTS

  1. un granoooo!!! yo no sabia q le salían granos a los perros y eso q tengo 2..jejejej. o es particular d los shar pei??

  2. Me dijo la vet que era normal que durante la pubertad les salieran granitos, sobre todo a los perros de piel tan adiposa. Ahora, según me han dicho hoy en revisión, este macro grano tuvo que ser la consecuencia de algo que se debió clavar y se infectó. La doctora me ha comentado que la cura estaba bien hecha, así que si alguna vez os pasa….

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